Martes, 19 de Enero de 2021

Regresar a Washington (I): del FBI a madame Tussaud

Jueves, 30 de Junio de 2016

Regresar a Washington siempre resulta una ocasión dichosa. La capital de Estados Unidos constituye un cruce difícil de superar entre lo mejor de las urbes europeas y lo mejor de las norteamericanas.

Su transporte público es excelente – cosa que no puede decirse de buena parte de las ciudades de Estados Unidos – sus avenidas, calles y plazas son elegantemente espaciosas – cosa que no puede decirse de buena parte de las de Europa – pasear resulta una delicia, cosa que no puede decirse de buena parte de las ciudades europeas y norteamericanas a la par. Los atascos incluso en hora punta no merecen tan odiosa denominación. A decir verdad, parecen la circulación normal de una porción considerable de las ciudades que conozco. Por añadidura, sus monumentos, sus teatros y, sobre todo, sus museos son dignos de visita y, en la mayoría de los casos, son totalmente gratis.

Resulta conmovedor ver cómo los norteamericanos rinden homenaje de manera elegante y grandiosa a su Historia y, a la vez, están abiertos a otras culturas y a otras Historias con un entusiasmo y un interés encomiables. Es más que significativo cómo en las calles de Washington se puede percibir una variedad racial y cultural extraordinaria y, a la vez, están ausentes todas las sensaciones ingratas que acompañan a la multiculturalidad en Europa y en algunos lugares de Estados Unidos. No aparece la suciedad, los malos olores, la exclusión de los ciudadanos del país, la sensación invasiva que se puede contemplar en Bruselas, en ciudad tras ciudad de Francia e incluso en barrios de poblaciones españolas. Washington sigue siendo profundamente americano y no deja de serlo aunque en la esquina se venda comida india o los chinos sean más que numerosos. Todo lo contrario. El aspecto generalizado es limpio, ordenado, sereno, bello incluso.

Añadan que el paseo es delicioso. Pasar por delante de los Archivos nacionales, detenerse en la plaza donde se rinde homenaje al Gran ejército de la República que defendió la integridad nacional durante la guerra civil, pararse en la plaza donde se recuerda a la marina de guerra, recoger en una foto el edificio del FBI que lleva el nombre de Hoover y que identifica las siglas de la institución con virtudes como la Fidelity (Fidelidad), la Bravery (Valentía) y la Integrity (Integridad), contemplar el teatro Ford donde fue asesinado Lincoln y que todavía sigue en activo, tocar la fachada de la casa cercana donde el presidente exhaló su último aliento, detenerse ante el museo de cera de Madame Tussaud… todo eso y más es posible en un espacio relativamente reducido. Sin embargo, por encima de todo, constituyen simples botones de muestra de lo que se puede encontrar en esta ciudad incomparable.

 

CONTINUARÁ

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