Sábado, 28 de Noviembre de 2020

XXXVII.- El camino hacia la victoria (V): el final de los disidentes (II): La persecución de los disidentes

Viernes, 3 de Julio de 2020

Si algo le había quedado de manifiesto a Mahoma en los meses anteriores era que su consolidación como caudillo de Yatrib y, en el futuro, de toda Arabia chocaba con un obstáculo fundamental y decidido que eran los disidentes.  Ya en Uhud había sido abandonado antes de la batalla por los denominados hipócritas y, tras la derrota, había tenido que soportar los ataques verbales tanto de ellos como de los judíos que, en contra de lo que hubiera podido esperarse en algún momento del pasado, no daban señales de aceptarlo como profeta.  Si deseaba afianzarse, resultaba indispensable, pues, sofocar la acción de esos grupos a la vez que fortalecía su propia posición militar y políticamente.

El año 625 – 4 de la héjira – resultó decisivo en la consolidación del poder de Mahoma.  En el curso del mismo, lanzó varias expediciones militares que fortalecieron a sus tropas y proporcionaron una mayor pericia a sus mandos.  También logró neutralizar ataques enviados contra él.  Así, por ejemplo, cuando Mahoma supo que Sufyan b. Jalid b. Nubayh al-Hudali estaba reuniendo un ejército para marchar contra Yatrib, ordenó a Ibn Unays que penetrara en el campamento enemigo y le librara de él.  Unays supo desempeñar su misión de manera ejemplar ya que, apenas unos días después, estaba de regreso en Yatrib y arrojaba a los pies de Mahoma la cabeza de Sufyan.  

El comportamiento de Mahoma puede ser calificado de muchas maneras, pero, desde luego, no se puede caer en el error de considerarlo un paranoico.  En esa época, no fueron escasos los intentos de engañarlo y acabar con él y con sus seguidores de una vez por todas.  Así, los Banu Amir de Nashd manifestaron su deseo de abrazar la doctrina de Mahoma que envió a tratar con ellos a algunos guerreros al mando de Kab b. Zayd.  Junto al pozo de Bir Mauna fueron sorprendidos en una emboscada y cayeron todos salvo Kab b. Zayd que escapó haciéndose pasar por muerto.  También otro grupo enviado a vigilar a los coraishíes fue víctima de una traición en a-Rashi y sus miembros, atacados por los Banu Lihyan, acabaron todos muertos o cautivos y entregados a los coraishíes.  La suerte de estos últimos fue la peor ya que fueron comprados simplemente para proceder a torturarlos hasta la muerte.  La respuesta inicial pensada por Mahoma para responder a estos hechos fue la de ordenar un atentado contra Abu Sufyan b. Harb en la Meca.  Sin embargo, el plan fracasó al ser descubiertos los sicarios de Mahoma.  Los judíos iban a convertirse una vez más en chivos expiatorios de los sinsabores sufridos por Mahoma.       

CONTINUARÁ

 

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