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Fracasará

2018-01-15 08:35:00
Publicado en Actualidad
Llegó el nuevo plan contra la violencia de género respaldado por todos los partidos políticos. Como sucede habitualmente, todos se felicitan, se dan besos y palmadas y, especialmente, se gasta el dinero del contribuyente, por supuesto, no pocas veces en entidades no gubernamentales.

Pues bien, a pesar del triunfalismo y del incremento del gasto, el plan fracasará estrepitosamente. Lo hará de manera escandalosa porque el mismo concepto de violencia de género es un disparate monstruoso, lesiona principios jurídicos elementales y no solventa nada salvo el presente de avispadas personas. Pretender que en nuestra sociedad se ha sustituido la lucha de clases por la de sexos y que el papel de oprimido le corresponde a la mujer a la que hay que dotar de una protección especial pisoteando el principio de igualdad ante la ley puede parecer el colmo de la justicia, pero constituye una atrocidad. En primer lugar, la violencia doméstica – que es un problema pavoroso – se ve desdibujada porque de sus cifras salen los hombres como víctimas, los ancianos – salvo que sean mujeres a manos de hombres – y, en no escasa medida, los niños salvo que estemos ante una hembra maltratada por un varón. Tan peligrosa necedad ha llegado al extremo de que cuando las mujeres, de manera creciente, maltratan a sus padres se explica como que han asumido la “violencia machista”. Quien no lo crea que reviente. Todas esas formas de violencia son arrojadas debajo de la alfombra porque la única que existe es la de género. En segundo lugar, las injusticias seguirán multiplicándose. No se trata sólo de que las denuncias falsas por maltrato continuarán siendo una plaga – un ochenta por cien del total, según algunas juezas – sino que persistirán como una manera de ganar lamentables procesos de divorcio. ¡Sacrifiquemos la justicia en el altar de lo políticamente correcto y más si es de género! Finalmente, la violencia no disminuirá – las cifras del fracaso son escandalosas – porque, aparte del bochornoso y erróneo enfoque, existe una negativa total a examinar cómo circunstancias culturales como la inmigración se relacionan con la más que lamentable violencia doméstica. Aplaudirán, se felicitarán, gastarán el dinero del contribuyente y las ONGs de los buscadores de rentas – tan relacionadas con algunos partidos políticos – hincharán sus cofres. Sin embargo, los tribunales seguirán siendo focos de injusticia, la igualdad ante la ley habrá muerto y la violencia se mantendrá. ¿Cabe un fracaso peor?







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