Por qué la izquierda está muerta o siete razones para abandonarla
De manera más o menos difusa, me identificaba con el modelo socialdemócrata sueco, el de una izquierda supuestamente democrática, neutral y pacifista en el plano internacional y partidaria de todas las causas que yo consideraba nobles.
Por supuesto, me entusiasmé como tantos –tantísimos– otros con la revolución sandinista en Nicaragua. A mi juicio, aquella era una clara manifestación de que todavía las revoluciones resultaban posibles, de que un pequeño David revolucionario podría enfrentarse con el terrible Goliat yanqui y de que era viable un sistema socialista con pluralidad de partidos y sin depender de la URSS o de China. Mi entusiasmo por la experiencia sandinista duró justo hasta que visité Nicaragua. Porque lo que descubrí en el país centroamericano fue una dictadura no por sutil menos repugnante que la soviética. Los sandinistas oprimían al pueblo de la misma manera cruel y despiadada que mis odiados esbirros de la NKVD y el KGB. Habían creado un sistema en el que la Nomenklatura –como siempre– disfrutaba de lo mejor mientras el pueblo pasaba hambre, eso sí, atiborrado a todas horas de una propaganda estúpida que les convencía de que sus miserias no se debían a las pésimas consecuencias del socialismo sino a la acción del imperialismo. A la asfixiante falta de libertad y al torrente de la efectiva propaganda para subnormales –nunca había yo vivido nada semejante, ni siquiera en la España de Franco– se sumaba la creación de un sistema en el que podían existir otros partidos políticos, pero sin que semejante circunstancia significara nada, porque todo el control estaba en manos de los sandinistas. Ah, y de tercera vía, nada de nada. Las únicas publicaciones que se veían en Nicaragua eran de origen soviético y los colaboradores eran gente, mayoritariamente, procedente de las dictaduras del Pacto de Varsovia. Aquello era lo denunciado por Solzhenitsyn, pero más sutil.
Harto y asqueado de la experiencia nicaragüense, estaba yo mostrando mi pasaporte en el aeropuerto de Managua cuando escuché detrás de mí una voz cuyo acento era español y quizá incluso de Madrid. Me giré sobre mí mismo y le pregunté al respecto. Efectivamente, era español. La espera se adivinaba larga y, en la soledad de la sala, comenzó a contarme su experiencia. Había pasado las últimas semanas colaborando con el gobierno sandinista. Su salario lo pagaba en dólares una comunidad autónoma, aunque, en teoría, aquel era un proyecto clandestino que no debía conocerse. Y, tras revelarme el secreto de su misión, comenzó a cantarme las loas de la revolución sandinista que él había vivido situado en las alturas del poder. Soporté con paciencia aquel chorro de propaganda, hasta que, al final, el enviado clandestino de un gobierno autonómico progre me hizo referencia a lo barata que era la vida en Nicaragua. Había yo sufrido con el pueblo la miseria literal ocasionada por el socialismo nicaragüense, y aquella referencia a lo fácil de la existencia encendió en mí una luz de alarma. "Anoche", me dijo entusiasmado, "fuimos a comer seis personas a … Unos camarones, unos filetes, unas cervecitas y nos costó … Vamos, por eso, en España no cena ni una persona". Tuve que hacer un serio esfuerzo para no acordarme de la madre que había traído al mundo a mi interlocutor, al presidente autonómico que lo financiaba y al mismísimo Karl Marx. Por el contrario, con el tono más sosegado posible, le dije: "O sea, ¿que la cena de cada uno de ustedes costó algo más de seis meses de salario de un obrero nicaragüense?". Nuestra conversación no duró mucho más –salió él para La Habana y yo para Bogotá–, pero creo que había quedado de manifiesto lo que era la izquierda, lo que siempre ha sido la izquierda. Mientras la gente de abajo padece el hambre, la opresión y la falta de libertad, la Nomenklatura vive de una manera que hubieran envidiado muchos burgueses. Al mismo tiempo, no faltan gobiernos occidentales que desvían fondos de los contribuyentes para sustentar dictaduras de cuyas mieles disfrutan en viajes organizados que los convencen de las virtudes de la revolución, cuando en realidad tan sólo sirven a la tiranía. En los años siguientes viví experiencias semejantes una y otra vez.
Sin embargo, aquel viaje a Nicaragua no significó todavía la ruptura. Sí lo fue –para disgusto de mis amigos– el final de mi apoyo a personajes repugnantes como Daniel Ortega o Fidel Castro, pero todavía conservaba una tibia fe en que la izquierda en España podía ser diferente. Aquí debo agradecer a Felipe González y sus años de gobierno socialista que me permitieran ver la luz. El legado de aquella izquierda fue la corrupción más espectacular de la historia de España, una gestión económica deplorable vinculada a millones de parados, un intento encarnizado de domesticar las libertades lo mismo vulnerando la independencia del poder judicial que acosando a los medios de comunicación independientes y un desprecio absoluto por la legalidad que tuvo, entre otras consecuencias, la articulación del terrorismo de Estado de los GAL.
La realidad de España, a decir verdad, era mucho peor, pero por aquel entonces yo sólo veía aquello y me empeñé –con la misma cerrilidad que el creyente al que la fe se le desmorona porque carece de base– en considerar que el problema no era la izquierda sino esta izquierda. Fue precisamente en esa época cuando conocí a algunos de los elementos críticos del PSOE –críticos precisamente con Felipe González– que, supuestamente, podían cambiar todo. La experiencia duró unos meses, y de ella salí definitivamente convencido de que no es que la izquierda tuviera problemas, sino que el problema era la izquierda. No sabría decir si llegué a esa conclusión al ver, por ejemplo, que consideraban a Santiago Carrillo un héroe; al comprobar que eran incapaces de ver que la renovación pasaba por algo similar a Tony Blair o al percatarme de que su mensaje no era sustancialmente distinto al de Felipe González, aunque, eso sí, ellos no tenían el poder y lo deseaban.
Mi ruptura definitiva con la izquierda se produjo, así, de manera nada traumática ni dolorosa. Fue como la ruptura de una soga cuyos hilos se hubieran visto segados poco a poco, y cuando el último se soltó sentí únicamente que había sucedido lo que tenía que suceder. A esas alturas, mis razones para romper eran las mismas que ahora y estaban formuladas con la misma contundencia en mi mente, aunque todavía no expresadas con tanta nitidez por escrito como en los últimos años.
En primer lugar, rompí con la izquierda porque amo la libertad. El amor por la libertad forma parte de mi carácter por diversas razones. Entre ellas se encuentran la pertenencia a una minoría religiosa que ha sufrido durante siglos la persecución y la intolerancia; la pasión por escribir o el deseo de analizar sin cortapisas el mundo que me rodea. Para todas y cada una de esas facetas esenciales de mi vida necesito la libertad, y lo cierto es que los grandes proyectos totalitarios de la Historia han sido socialistas. No se trata únicamente de que el primer Estado totalitario de la Historia fuera levantado por los bolcheviques, sino de que el mismo fascismo fue un proyecto socialista. Durante los años veinte, los Estados más intervencionistas eran la URSS de Stalin y la Italia fascista de Mussolini, y nunca me resultó sorprendente que Hayek señalara que el nacionalsocialismo alemán, lejos de ser derechista, era tan sólo otro modelo socialista que se parecía enormemente al soviético. El propio Mussolini lo dejó claro ya en los años veinte, cuando señaló que el fascismo sólo era un socialismo nacional. Si la gente supiera historia, se percataría de hasta qué punto las políticas socialistas y socialdemócratas de la posguerra son tributarias del fascismo italiano, y hasta qué punto no pocos de los supuestos proyectos progres de ZP fueron antecedidos por medidas legales impulsadas por el propio Hitler. En todos y cada uno de los casos, la izquierda pretende tutelar y dirigir la vida de los demás desde el nacimiento –¡y antes!– hasta la tumba. Sin duda, la perspectiva resulta atrayente para muchos. Para mí, se dibuja escalofriante.
En segundo lugar, abandoné la izquierda porque creo en el individuo. Personalmente, estoy convencido de que el sujeto de derechos es el ser humano como individuo, y no la raza, el sexo o las circunstancias médicas. A decir verdad, la Historia muestra que los derechos individuales son los mimbres de la libertad, y que cuando se cercenan –como en el caso de la izquierda– la libertad se ve amenazada, si es que no desaparece. En términos generales, creo que el individuo sabe dar mejor uso a su dinero que el burócrata que decide quitárselo para utilizarlo en sus fines; creo que el individuo sabe educar mejor a sus hijos que el burócrata que decide adoctrinarlos y creo que el individuo gusta más de la libertad de lo que el burócrata está dispuesto a concederle. Lamentablemente, la izquierda está convencida de que sabe mejor que nosotros cómo debemos gastar nuestro dinero, cómo debemos educar a nuestros hijos e incluso cómo debemos emplear nuestro tiempo libre, y a mí esa vocación liberticida de la izquierda me resulta totalmente insoportable.
En tercer lugar, abandoné la izquierda porque creo en la justicia. Me consta –yo fui uno de los infelices– que, históricamente, la izquierda ha captado a no pocos de sus fieles predicando la justicia. Al hacerlo, no ha pasado de representar el papel de falso profeta. Pocas ideologías hay más injustas que las de izquierda. De entrada, la justicia, por definición, debe dar a cada uno lo suyo, y además debe comportarse con todos de manera igual e imparcial, es decir, debe actuar de manera diametralmente opuesta a como pretende la izquierda. Y es que la izquierda siempre ha creído en una justicia que trate a los seres humanos de manera desigual, apelando a artificios como la justicia de clase o la discriminación positiva. En un ejemplo de dislate jurídico, el Tribunal Constitucional español ha resuelto hace unos meses que es correcta una ley que castiga por el mismo delito de manera desigual a hombres y a mujeres. Saltando por encima de los Bills of Rights del derecho anglosajón y de las constituciones liberales, el Tribunal Constitucional ha regresado a Hammurabi, que también consideraba que las penas no podían ser iguales para todos los seres humanos.
Por si esto –que ya de por sí es muy grave– fuera poco, la izquierda tampoco da a cada uno lo suyo. Por el contrario, despoja –el término es del propio Marx– a unos para dárselo a otros. Las imágenes que surgen al decir esto son las de campesinos que reciben las tierras de los latifundistas o las de inquilinos que se quedan con los pisos de los propietarios. Semejantes realidades resultarían ya discutibles, siquiera porque no se termina de ver la justicia de que se prive del fruto de su trabajo –unos pisos o unas tierras– a un ciudadano para dárselo a otros pero es que, para colmo, la izquierda tampoco ha actuado tan generosamente nunca. Por el contrario, se ha limitado –en las dictaduras– a robar a unos para colocar el fruto del expolio bajo el control de una Nomenklatura que actuaba, supuestamente, en beneficio del pueblo. En Rusia nunca se repartieron tierras a los campesinos. Por el contrario, los bolcheviques se hicieron con la tierra, ligaron a ella a los campesinos con una dureza más cruel que la de los zares y, acto seguido, gracias a la incompetencia socialista en la gestión de la economía, causaron la muerte por hambre de millones de personas, algo desconocido en la Historia rusa. En las naciones occidentales, el sistema de despojo ha sido más sutil. Por ejemplo, el contribuyente de las clases medias se ve aplastado por los impuestos para que los titiriteros progres cobren sustanciosos contratos pagados con esos mismos impuestos. Se despoja a los trabajadores para enriquecer a la Nomenklatura y a sus paniaguados. Demos gracias a Dios de que, al menos, no existe el gulag, aunque es innegable que sí existe una injusticia mantenida de forma sistemática.
En cuarto lugar, dejé la izquierda porque creo en el esfuerzo personal y en la excelencia. Lejos de sentirme satisfecho con el mundo en el que vivo, estoy convencido de que muchas cosas han de cambiar, pero para que puedan cambiar a mejor, nosotros hemos de ser mejores, es decir, exactamente lo contrario de lo propugnado por la izquierda. En su afán por controlar nuestra vida desde el claustro materno hasta después de la muerte, la izquierda está empeñada en crear un sistema igualitarista que no afecte, por supuesto, a los miembros de la Nomenklatura. Uno de los terrenos donde se percibe con más claridad semejante perversión es el educativo. Como sabemos no pocos por experiencia, la buena educación es el único camino que permite a los hijos de familias humildes salir de su estrato social y progresar. La izquierda, con su empeño en conformar la educación no de acuerdo a criterios de excelencia sino de igualitarismo, ha cegado ese camino a millones de niños y jóvenes. La educación que reciben en centros públicos es mala, sectaria y deficiente, pero, por añadidura, es una educación diluida y aguada para que hasta el más tonto y el más vago pueda sacar un título. No siempre se consigue esta última meta, pero, por regla general, sí se logra apartar a no pocos de los mejores del camino hacia el éxito. Por supuesto, los miembros de la Nomenklatura –los que han creado ese sistema que persigue por definición la excelencia– no son tan estúpidos como para convertir a sus hijos y allegados en víctimas de sus acciones. Recuérdese que en España los ministros socialistas no llevan a sus hijos a los centros públicos que sufren las consecuencias de sus actos, sino a elitistas centros privados. De nuevo, la igualdad y la justicia son trituradas por el igualitarismo de la izquierda.
En quinto lugar, abandoné la izquierda porque creo en la inteligencia y en la belleza. A pesar de que la propaganda de la izquierda insiste en lo contrario, la izquierda ha demostrado una pasmosa incapacidad para crear algo bello y, a la vez, inteligente a lo largo de su dilatada Historia. Cuando ha sido inteligente, no ha solido pasar de la categoría de agitación y propaganda y la belleza, por regla general, ha brillado por su ausencia… a menos que consideremos bella una composición tan cursi e idiota como ésa de "el sable del coronel. Cierra la muralla". Todo eso por no hablar del dinero de nuestros impuestos gastado a raudales en gente de la farándula de la más dudosa calidad artística. El hecho de que Miguel Ángel, Cervantes, Beethoven o Shakespeare salieran adelante –y crearan obras geniales– sin pertenecer a la izquierda ni cobrar subvenciones debería llevarnos a reflexionar. El hecho de que la izquierda, a pesar del dinero de los demás que ha gastado en ello y a pesar de su supuesta superioridad moral, no haya tenido un Bach, un Goethe o un Velázquez, sino, como mucho, algunos compañeros de viaje, da para pensar, y mucho. Sin embargo, no resulta tan extraño. Cuando no se busca el talento ni la excelencia, cuando se prima la sumisión a las consignas, cuando se persigue a los que destacan, cuando se odia la excelencia y se prefiere el sectarismo sumiso, el resultado no puede ser otro.
En sexto lugar, abandoné la izquierda porque carece de mensaje que vaya más allá de la opresión de los demás. Por más que se esfuerce en presentarse como un frente de progreso, la verdad es que la Historia ha derrotado en toda línea a la izquierda. Dejó de manifiesto con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS que el socialismo real había sido una pesadilla más que un sueño, y los jirones que aún persisten de ese sistema –Cuba, Corea del Norte, etc.– constituyen muestras patéticas de tiranías cruentas y agónicas.
Por si fuera poco, el mismo mensaje de la socialdemocracia ha demostrado su fracaso para solucionar problemas y, por el contrario, ha dejado de manifiesto que sus efectos perversos son múltiples y dañinos.
Ayuna de éxitos, la izquierda sólo tiene dos caminos. O bien se derechiza para salvar a los Estados de las consecuencias nefastas de las políticas de izquierdas, o bien se entrega a la defensa de las rancias políticas de ayer acentuando el elemento opresor mediante el trato de favor a lobbies no representativos pero feroces y agresivos. El primer caso es el de la política de Tony Blair, que sobre el papel es de izquierdas pero que, en realidad, constituye un ejemplo de que la izquierda sólo puede esperar hacer algo sensato y de provecho si gobierna con las recetas de la derecha. El segundo caso es el de ZP en España. Incapaces de conservar los logros de los gobiernos del PP y carentes de escrúpulos, ZP y sus adláteres lo mismo defienden dictaduras como la cubana o la venezolana, que propugnan la imagen de la Segunda República española creada por la Komitern de Stalin, que se arrodillan ante los programas delirantes del feminismo radical –que es más que dudoso que represente a las mujeres– o del lobby gay, que, con toda seguridad, no representa a los homosexuales. El resultado de esa esterilidad política, social y ética es volcarse cada vez más en políticas que tan sólo buscan oprimir a los demás indicándoles lo que pueden hacer, lo que deben pensar, lo que han de sentir, lo que han de comer, en qué tienen que emplear su tiempo libre e incluso cuándo y cómo tienen que morir, y, como en todas las tiranías, la satisfacción de los tiranos se sustenta en la opresión de los tiranizados.
Al fin y a la postre, de acuerdo a la ortodoxia de la izquierda, la sociedad se ve dividida en tres grandes grupos: la Nomenklatura, que nos dice todo lo que hemos de hacer, decir y pensar; los grupos minoritarios y escasamente representativos a los que la Nomenklatura favorece –porque los ve como aliados naturales– mediante subvenciones y prebendas y, por último, los que con nuestro trabajo y nuestros impuestos mantenemos a una Nomenklatura que nos oprime.
Al fin y a la postre, la izquierda acaba instaurando una dictadura sutil en Occidente –brutal en el resto del mundo–, donde la libertad, la excelencia, el saber, la justicia y la belleza se ven sustituidas por la tiranía, la estupidez, la ignorancia, la injusticia y la zafiedad. Obsérvense determinados gobiernos y dígaseme que no es cierto y, sobre todo, que no son razones más que sobradas para abandonar la izquierda, a menos que uno desee formar parte de la dorada Nomenklatura que decide lo que los demás deben hacer, decir y pensar, mientras ella vive del fruto del trabajo de los otros.
A estas seis razones de carácter general para abandonar la izquierda desearía añadir una séptima de carácter más personal. Abandoné la izquierda, y resultó decisivo en mi caso, porque soy cristiano. Es cierto que durante años pensé –y estaba profundamente equivocado– que los valores de la izquierda eran algo así como una visión laica de los valores propugnados por el cristianismo. Pensaba yo –y erraba gravemente– que las palabras justicia, libertad o dignidad tenían el mismo significado. La realidad es que no se corresponden ni por aproximación. De la misma manera que el Jesús del Código Da Vinci sólo tiene en común con el de los Evangelios la colocación de las letras del nombre. Conceptos como los de justicia, libertad, dignidad o vida son diametralmente opuestos en la formulación de la Biblia y en la de la izquierda. Entrar en un examen detallado de la cuestión podría ser objeto de un ensayo, pero, obviamente, desborda la finalidad de estas páginas. Basta, sin embargo, ver cómo los denominados cristianos de izquierdas acaban siendo mucho más de izquierdas que cristianos, o cuáles son las posiciones de la izquierda sobre la vida o la familia, para percatarse de que entre ambas cosmovisiones se despliega un abismo tan insalvable como el que separaba a los réprobos del Hades de los bienaventurados del seno de Abraham en el Evangelio. Una persona que, de verdad y de corazón, ame las enseñanzas de Jesús no encaja con una visión del mundo que pretende controlar al ser humano desde antes de nacer –para facilitar su eliminación– hasta su muerte –para despenalizar su eliminación–, ni tampoco con discursos que pretenden encerrar a los creyentes en sus lugares de culto, o que pasan por alto la naturaleza humana, o la mera realidad, a la hora de pensar en las tareas de gobierno.
Dicho lo anterior, personalmente estoy convencido, como ya he indicado, de que la izquierda no tiene mensaje tras el fracaso del socialismo y sólo le queda la esencia tiránica que ha contaminado su andadura desde su nacimiento, a finales del siglo XVIII.
Dado que no vamos –¡demos gracias a Dios!– hacia la dictadura del proletariado ni es previsible que el socialismo real se mantenga en pie mucho más allá de la muerte de Fidel Castro, la izquierda sólo puede ofrecer un mensaje achatado, obtuso, de tiranía y control, de totalitarismo y entontecimiento creciente de las masas que, como criticaba Juvenal, sólo ansíen pan y circo y para ello estén dispuestas a aceptar la vileza y la animalización. Pero ésa es una razón adicional bien poderosa para abandonarla.
Sin duda, en el seno de la izquierda existen personas de buena fe que están convencidas de que se hallan en el mejor lugar para ayudar al prójimo. Es posible que tarden en salir de esa equivocación años, y sólo Dios sabe el daño que habrán podido causar a los que desean ayudar durante ese tiempo. Pero a esas personas que, de corazón, desean ayudar a los demás, y no buscarse un pesebre a costa del sudor de los demás, se les podría decir lo mismo que el autor del Apocalipsis gritaba a la gente decente que aún se hallaba en las garras de Babilonia la grande, la prostituta, roja y borracha con la sangre de los santos y de los inocentes: "Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas" (Apocalipsis 18, 4).
NOTA: Este texto es el epílogo a POR QUÉ DEJÉ DE SER DE IZQUIERDAS, de JAVIER SOMALO y MARIO NOYA, que acaba de publicar la editorial Ciudadela.
111 Comentarios
Yo resumiría todo más fácil, por qué la izquierda es una mierd...?:
-Porque predica con un ideal que luego no cumple en su vida privada (viven como los ricos y capitalistas)
-Porque son menos tolerantes al respeto de ideas del oponente
-Porque son más tendentes a colocar en masa a los amigos y/o familiares (por eso del socialismo)
-Porque cada zona que ellos mandan o gobiernan la hunden economicamente y espantan inversores
-Porque en definitiva su modelo político no es social sino de "perpetuación" en el cargo tanto individual como de partido (no les gusta la alternancia). Vease Asturias, Andalucia, Extremadura..
Por eso y por más ...que asco dais
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41] Enviado por
delastur el 23/10/2008 a las 17:57:24
SOBRE IZQUIERDAS Y DERECHAS
Si bien la división entre ricos y pobres, poderosos y oprimidos, etc, siempre ha existido, al igual que los demagogos excitadores de las mas bajas pasiones, fue en la asamblea del juego de pelota donde se plasmó esa división que sigue en nuestros días.
En dicha asamblea inaugural de la era de las revoluciones, los facciosos revolucionarios, tributarios del falsario impostor Rousseau, se sentaron a la izquierda y todos los demás, a la derecha.
Así pues, fueron tales sectarios los que instauraron esta artificiosa y burda división autodenominándose izquierda y estableciendo que era de derechas todo el que no fuese sectario suyo.
Desde entonces, habiendo calado su magistral y facilona propaganda en toda la sociedad, todos los que rechazan que se les encuadre y clasifique en tan burdos términos, son considerados de derechas a su pesar.
Maestros del adjetivo, a todos los que abandonan la secta les tachan de antirevolucionarios, reaccionarios, derechistas, etc.
Después de doscientos años, tienen ganada la batalla del lenguaje, por lo que a un liberal le resulta inútil decir que no es de derechas o que la división es artificial y de brocha gorda.
Creo que el método sería prestigiar socialmente el liberalismo u otras ideologías no izquierdosas y contribuír al desprestigio social de estos facciosos.
La batalla hay que darla en la educación, la cultura y la difusión y llevamos años de retraso con la secta.
Mientras tengan sumidos en la miseria económica y cultural a la mayoría de ciudadanos, tienen el caldo de cultivo idóneo para sus propósitos.
Dicho lo anterior, tengo que decirle a nuestro anfitrión que la quinta de sus razones, así expresada, es una boutade (exageración voluntaria)y que creo que no beneficia a la causa.
La lista de grandes artistas sectarios es larguísima y algunos ya habeis dicho algunos nombres. Por añadir algo, el mismo Rousseau fué un eximio escritor o el Manifiesto Comunista, atribuido a Marx, es una de las mejores y mas emocionantes obras literarias que he leído.
Sl2 al personal.
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42] Enviado por
curro el 23/10/2008 a las 18:38:20
como siempre estoy total mente de acuerdo con usted y quiero puntualizar una cosa .
la izquierda dejara de existir cuando deje de existir el trinque ,la corrupcion la mentira la, codicia y la maldad en el ser umano. comove es poco menos que imposible porque siempre van ligados los izquierdistas con esto
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43] Enviado por
cuervo el 23/10/2008 a las 19:57:35
QUERIDO PERSONAL:
Creo que me voy a cambiar el nick; y emulándote, QUERIDO CANSADO, me pondré Hastiado, Asqueado, Harto, Jarto o, sencillamente, Hastalapolla (qu’es mu de mi tierra).
Vuelvo a reproducir en este foro las inmarcesibles palabras de don José Ortega y Gasset, pues noto que han entrado aquí y al trapo de don César muchos de la "gauche divine", y conviene recordárselas:
«SER DE LA IZQUIERDA ES, COMO SER DE LA DERECHA, UNA DE LAS INFINITAS MANERAS QUE EL HOMBRE PUEDE ELEGIR PARA SER UN IMBÉCIL: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral. Además, la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la «realidad» del presente, ya falsa de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que HOY LAS DERECHAS PROMETEN REVOLUCIONES Y LAS IZQUIERDAS PROPONEN TIRANÍAS. [...]
CUANDO ALGUIEN nos pregunta qué somos en política, o, anticipándose con la insolencia que pertenece al estilo de nuestro tiempo, NOS ADSCRIBE A UNA, en vez de responder debemos preguntar al impertinente qué piensa él que es el HOMBRE y la NATURALEZA y la HISTORIA, qué es la SOCIEDAD y el INDIVIDUO, la COLECTIVIDAD, el ESTADO, el USO, el DERECHO. La política se apresura a apagar las luces para que todos ESTOS GATOS RESULTEN PARDOS.»
[«La rebelión de las masas». Prólogo para franceses, IV.]
Discutamos primero con mucha LUZ esos GATOS, y luego nos ponemos cada cual el marchamo al que queremos adscribirnos. Yo os escucho (leo) a todos; pero ojito: las gilipolleces me enervan (algunos ya me conocéis). Por ejemplo, decir que Picasso era de izquierdas (me mondo); o Alberti (me meo); o Sartre (me descojono). O el precioso entimema de Molondro; me refiero a ese silogismo abreviado de que Javier Bardem no cobra la subvención sino que es la productora. Y pa que ##### la cobra la productora, ¿para dársela a Cáritas Diocesana de Soria? Niño, como sofista, ¡ni Protágoras...!
ABRAZOS PAL PERSONAL (Y no me faltéis: sois la gran parte de lo poco que me va quedando...)
P.D. Para los neófitos: Yo soy de los de "Gatos Blanquísimos o Negrísimos". (¿Clarito?)
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44] Enviado por
UTECO el 23/10/2008 a las 21:01:26
Curioso el planteamiento o planteamientos de "gamonal", y no digamos de "delastur" ( lleno él de asco).
Concide "gamonal" conmigo, segun dice, el que la llamda izquierda socialdemócrata es necesaria como "contrapeso" en el sistema capitalista y la democracia burguesa, en tanto en cuanto, (dice "gamonal") su papel se torna necesario para "evitar" los posibles desafueros de la derecha ( si es que, al parecer, se dan) y son excelentes "guardas" y "controladores" ("no se pierden ni en una") en la oposición, siendo pues necesarios, entiendo, como "oposición perpetua", creandose asi un curioso sistema democrático de alternancia en el poder, que, no olvidemos ( y esto va tambien por "delastur" y sus "perpetuaciones" de unos u otros) esta determinado por lo que los votantes en actos libre, personal e intrasferible se manifiesta mediante el voto. Parece que se pide un democracia, pues, en que exista una izquierda que este representada en las instituciones, pero meramente para "controlar" ( "gamonal" dice que eso si lo hacen bien, y solo eso), pero que de ninguna manera ejerza el poder nacido de los votos. Esto es, se defiende una democracia sui generis: si a los partidos, pero cada uno en su papel: unos, en gobierno perpetuo y otros de "guardas jurados", como mucho.
Para eso, pregunto ¿porqué no volvemos a una un sistema censitario o similar?. En definitiva lo que se defiende es un sistema de falsa democracia burguesa, sin alternancia posible.
Sobre los "ascos" que le pueda dar la "perpetuación" de el PSOE en las Comunidades mencionadas a "delastur" tendremos que convenir que esa "perpetuación" ( asquerosa) deviene del depósito de votos: unos tienen más y otros, menos. ¿No le da "asco" al sr. "delastur" la "perpetuación" nacida del mismo modo, por ejemplo en la Comunidad valenciana o Murcia?. ¿Curioso, no? : unas "perpetuaciones" son intrinsecamente malas: las por él mencionadas, y otras, imagino que "buenas" ( las por mí mencionadas). Pues no señor. No son "perpetuciones": son el reflejo de lo que el electorado vota en cada llamada a las urnas. En todos los sitios mencioados. En unos nos gusta de donde procede "la perpetuación" y en otros no: según sea de "los míos" o de "los otros". Curiosa forma de ser y pensar democraticamente. Esto es los Gobierno de Asturias, Andalucia o Extremadura se perpetuan porque "no les gusta la alternancia" (¿). Debe ser que los a los gobiernos de la Comunidad valenciana o Murcia les sucederá igual: su modelo político es idéntico, no es social, sino de "perpetuación" en el cargo, tanto en lo individual como de partido ( no les gusta la alternancia). me parece a mi que la situación es idéntica tanto en Murcia como el Andalucia, y los partidos son distintos. Digo yo. ¿Y no será que el largo y prolongado ejercicio en el poder de unos y de otros, en tales lugares, obedece a lo que el pueblo soberano determina con sus votos?. Por esa regla de tres (la de "delastur") tanto "asco" le deben de dar unos como otros.
Yo ese problema no lo tengo: respeto la voluntad popular que reflejan ls votos. Otra cosa diferente es que me gusten o no los resultados y quien me gobierna o gobernará. No son unos votantes más "listos" y otros más "tontos", o más o menos "adoctrinados". Si asi fuese, apliquese la fórmula (negativa o positiva) en todos los lugares, para todos los votantes,y para todos los partidos "perpetuados", gustenos o no el partido que gobierne. Pero para ello hay que ser tolerantes. Esto es, admitir que el que gobierna lo hace porque tiene más votos, y el mandato nace de ahi, y no de otro lugar.
Me parece puesque alguno aqui quiere café sin cafeína, o que me expliquen como, qué y que fórmulas se seguirían para esa democracia "controlada" y para evitar "perpetuaciones",deseables e indeseables... o pensaría que ¿solo nos gusta un tipo de perpetuación?...huy, huy que peculiares demócratas tenemos en este país o en este blog.
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45] Enviado por
GabrielBZ el 23/10/2008 a las 21:26:22
Escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; que te entienda alguien, un milagro. No obstante..., aquí sigo, desde unas más que manifiestas limitaciones, en el intento de decir, contar, cantar, gritar nuestras inquietudes, nuestros miedos, nuestras vergüenzas, propias y ajenas. Porque solo de este gigantesco despropósito político, social, económico que nos rodea podemos hablar, podemos sufrir y podemos llorar. Aquí estoy, conjugando mi pensamiento en una legua que quieren arrancar de tierras donde floreció y dio más que recibió; en una patria descuajeringada y rota por los hijos bastardos de la madre patria y el padre felón del secesionismo; rodeado de gente macerada, adoctrinada, dócil y gregaria que camina ignorante de su destino, hacia un estado de letargo moral y ético; a un estado, a un modo de ser, analfabeto, apátrida y ateo.
Mientras tanto, parece que todo esté preparado. Es muy probable, que los altos magnates económicos, los grandes poderes financieros, los dueños del mundo mundial, ya han encontrado el modo de organizar a la esclavitud de manera científica y competente.
Porque no me cabe duda:
...”Tanto si se trata de autocracia, de monarquía, de republica liberal o democrática como del socialismo estatal o del comunismo proletario, encontramos siempre una casta dominante servidas por burócratas y defendidas por soldados que afirman gobernar a los pueblos en nombre de Dios o de la Ley, o de la Constitución, o de la legitimidad, o de la justicia social, o de mito nacional, y así sucesivamente”...(Giovanni Papini. EL ESPIA DEL MUNDO)
UN EJEMPLO PRÁCTICO Y MUY ACTUAL DE LO QUE ES LA IZQUIERDA HOY EN ESPAÑA:
El caso del juez Fernardo Ferrin en Murcia, actualmente ajusticiado por sus propios colegas "de izquierdas" (todos menos UNO) por negarse a conceder una adopción a un 'matrimonio'de mujeres homoxesual-vulgo:lesbianas-.
Para los que vivimos en Murcia y seguimos este caso vemos tan claro como el agua que tiene muy poco de ideológico y sí mucho que ver con que el sr.Bermejo fuera el candidato -fracasado- del psoe.por Murcia en las últimas generalef. Cómo sería -cómo fue-de impresentable su campaña que no creo que haya otra provincia en España donde este ministro tenga más enemigos entre sus propios compañeros de la carrera judicial, ya sean asociados o independientes. Ni en su tierra -Avila-donde no tuvo los bemoles de enfrentarse al Sr.Acebes...
Cuando esto pasa, que tus propios colegas de profesión y tus propios compañeros de partido te odian por igual, tenemos la perfecta definición del político de izquierdas, por otra parte ya conocido y constatado desde el Frente Popular: aquel tan capaz de exterminar al opuesto ideológico (el juez Ferrín es del Opus), como a su colega murciano de izquierdas (el UNICO que se atrevió a llevarle la contraria a Bermejo, oh casualidad, que resulta que es de la asoc.de jueces-para-la-democracia) Lo que demuestra que el psoe no ha evolucionado ...siguen como en el 36... para un Besteiro decente hay cienmil vengativos y embrutecidos radicales tipo Negrin o Largo (hoy serían Zp,Bermejinski ó el mismo Pepiño) que siguen empeñados en ganar la guerra 70 años después ....
Y lo peor es que ya se han convencido que lo van a lograr...Es la esquizofrenia de nuestras izquierdas, capaces de ODIAR y MATAR todo lo que no les gusta a ellos, y de aprobar y bendecir todo lo que moleste a los que no pensamos como ellos (lease aborto -eutanasia-'matrimonio'gay...)
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47] Enviado por
Ferrojota el 23/10/2008 a las 22:40:54
delastur:
Y yo añadiria una más, que se me acaba de ocurrir: ¿Has escuchado las declaraciones de fidalgo? Cuando se están destruyendo 2.400 puestos de trabajo diarios, dicho por
Carmen Tomas esta tarde en la linterna, solo se le ocurre decir que "NO VAMOS A MONTAAR UNA ROMERIA". ¿Y entonces por qué la montaron con Aznar, que estaba creando empleo a raudales? ¿Para que no se "fuera de rositas"? Así es la izquierda, el "pueblo" les importa tres cajones, mientras ellos sigan chupando de los presupuestos y del pesebre. Lo que no me cabe en la cabeza es que gente, que se ve ilustrada, como algunos blogueros aquí, no vea una cosa tan palmaria. Como ese que dice que en cuba se respetan los derechos humanos porque lo dice amnistia internacional, la misma que dice que en España se conculcan los derechos humanos porque metemos a los etarras en la carcel. !Pues no lo ven! Deben tener un capullo rosa delante de cada ojo, o las han pasado muy puntas de pequeños, oyendo a su padre que la culpa de todo la tenia franco. Otra no me cabe. Se mueven por consignas.
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48] Enviado por
gamonal el 23/10/2008 a las 23:59:05
dios mio,que cierto es que los conocimientos no tienen nada que ver con la inteligencia de una persona...yo no soy de izquierdas...pero de derechas menos...sobre todo por el grado desmedido de manipulacion mal hecha que tiene la derecha,principalmente de este pais...y este articulo es un claro ejemplo...pretender poner a la izquierda como el mal de todo el planeta sin pensar en lo echo por la derecha durante no pocos años me parece de una ignorancia solo superada por la mia.acaso por cada ejemplo de la izquierda de robo no hay otro de la derecha??incluso dos por cada uno de la izquierda??por cierto...alguien con un minimo conocimiento de algo cree que lo que se llego a instaurar en la urrss fue comunismo??comunismo de verdad??o fue una excusa de poderosos para robar el poder como la derecha esta mas que curtida en hacer??el termino medio es el futuro,ya lo dijo budha...si una cuerda la apretas demasiado se rompera y si no es suficiente no tocara...veo muy poco analisis de los echos en las conclusiones y solo datos sin mas...y datos filtrados...muy filtrados..dios mio que decepcion...que hago leyendo un libro de este señor que a las 20 paginas ya ha cometido dos errores en un libro que pretende promocionar la cultura...menos mal que lo saque de una biblioteca...aun estando bien,que conste...no puedo creer en ninguna de sus conclusiones...me voy triste...arriba españa siempre pero asi no se podra llegar a nada...un saludo
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49] Enviado por
giacco187 el 24/10/2008 a las 00:49:31
El hecho de que un partido político enarbole la denominación de "izquierda", o "socialista", no significa que en realidad lo sea, ni que su política real resulte ser lo que ideológicamente se entiende por izquierda.
El hecho de que un partido se autodenomine “Socialista”, “Obrero” y “Español”, no significa que lo sea, sino que esgrimen tal condición, a mi entender sin respetarla. Es marketing.
Por tanto no deberíamos confundir, D. César, la izquierda ideológica con quienes se autodenominan de izquierda.
Como paralelismo, citaré los denominados “nacionalistas” en varias regiones de España. Esgrimen esa ideología, y muchos acaban creyéndoselo, incluso algunos de ellos mismos. Pero de nacionalistas tienen poco, lo que en realidad les mueve es el dinero y las prebendas.
Es tremendamente lamentable que muchos comunicadores honrados, “piquen” en el anzuelo propagandístico, y denominen “socialistas” o “nacionalistas”, a quienes en realidad no merecen ese calificativo.
Los infames nos están ganando la guerra del léxico.
Saludos
Partido Metrosexual Proletario. ;-D
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50] Enviado por
Proterio el 24/10/2008 a las 02:02:41