Por qué la izquierda está muerta o siete razones para abandonarla
De manera más o menos difusa, me identificaba con el modelo socialdemócrata sueco, el de una izquierda supuestamente democrática, neutral y pacifista en el plano internacional y partidaria de todas las causas que yo consideraba nobles.
Por supuesto, me entusiasmé como tantos –tantísimos– otros con la revolución sandinista en Nicaragua. A mi juicio, aquella era una clara manifestación de que todavía las revoluciones resultaban posibles, de que un pequeño David revolucionario podría enfrentarse con el terrible Goliat yanqui y de que era viable un sistema socialista con pluralidad de partidos y sin depender de la URSS o de China. Mi entusiasmo por la experiencia sandinista duró justo hasta que visité Nicaragua. Porque lo que descubrí en el país centroamericano fue una dictadura no por sutil menos repugnante que la soviética. Los sandinistas oprimían al pueblo de la misma manera cruel y despiadada que mis odiados esbirros de la NKVD y el KGB. Habían creado un sistema en el que la Nomenklatura –como siempre– disfrutaba de lo mejor mientras el pueblo pasaba hambre, eso sí, atiborrado a todas horas de una propaganda estúpida que les convencía de que sus miserias no se debían a las pésimas consecuencias del socialismo sino a la acción del imperialismo. A la asfixiante falta de libertad y al torrente de la efectiva propaganda para subnormales –nunca había yo vivido nada semejante, ni siquiera en la España de Franco– se sumaba la creación de un sistema en el que podían existir otros partidos políticos, pero sin que semejante circunstancia significara nada, porque todo el control estaba en manos de los sandinistas. Ah, y de tercera vía, nada de nada. Las únicas publicaciones que se veían en Nicaragua eran de origen soviético y los colaboradores eran gente, mayoritariamente, procedente de las dictaduras del Pacto de Varsovia. Aquello era lo denunciado por Solzhenitsyn, pero más sutil.
Harto y asqueado de la experiencia nicaragüense, estaba yo mostrando mi pasaporte en el aeropuerto de Managua cuando escuché detrás de mí una voz cuyo acento era español y quizá incluso de Madrid. Me giré sobre mí mismo y le pregunté al respecto. Efectivamente, era español. La espera se adivinaba larga y, en la soledad de la sala, comenzó a contarme su experiencia. Había pasado las últimas semanas colaborando con el gobierno sandinista. Su salario lo pagaba en dólares una comunidad autónoma, aunque, en teoría, aquel era un proyecto clandestino que no debía conocerse. Y, tras revelarme el secreto de su misión, comenzó a cantarme las loas de la revolución sandinista que él había vivido situado en las alturas del poder. Soporté con paciencia aquel chorro de propaganda, hasta que, al final, el enviado clandestino de un gobierno autonómico progre me hizo referencia a lo barata que era la vida en Nicaragua. Había yo sufrido con el pueblo la miseria literal ocasionada por el socialismo nicaragüense, y aquella referencia a lo fácil de la existencia encendió en mí una luz de alarma. "Anoche", me dijo entusiasmado, "fuimos a comer seis personas a … Unos camarones, unos filetes, unas cervecitas y nos costó … Vamos, por eso, en España no cena ni una persona". Tuve que hacer un serio esfuerzo para no acordarme de la madre que había traído al mundo a mi interlocutor, al presidente autonómico que lo financiaba y al mismísimo Karl Marx. Por el contrario, con el tono más sosegado posible, le dije: "O sea, ¿que la cena de cada uno de ustedes costó algo más de seis meses de salario de un obrero nicaragüense?". Nuestra conversación no duró mucho más –salió él para La Habana y yo para Bogotá–, pero creo que había quedado de manifiesto lo que era la izquierda, lo que siempre ha sido la izquierda. Mientras la gente de abajo padece el hambre, la opresión y la falta de libertad, la Nomenklatura vive de una manera que hubieran envidiado muchos burgueses. Al mismo tiempo, no faltan gobiernos occidentales que desvían fondos de los contribuyentes para sustentar dictaduras de cuyas mieles disfrutan en viajes organizados que los convencen de las virtudes de la revolución, cuando en realidad tan sólo sirven a la tiranía. En los años siguientes viví experiencias semejantes una y otra vez.
Sin embargo, aquel viaje a Nicaragua no significó todavía la ruptura. Sí lo fue –para disgusto de mis amigos– el final de mi apoyo a personajes repugnantes como Daniel Ortega o Fidel Castro, pero todavía conservaba una tibia fe en que la izquierda en España podía ser diferente. Aquí debo agradecer a Felipe González y sus años de gobierno socialista que me permitieran ver la luz. El legado de aquella izquierda fue la corrupción más espectacular de la historia de España, una gestión económica deplorable vinculada a millones de parados, un intento encarnizado de domesticar las libertades lo mismo vulnerando la independencia del poder judicial que acosando a los medios de comunicación independientes y un desprecio absoluto por la legalidad que tuvo, entre otras consecuencias, la articulación del terrorismo de Estado de los GAL.
La realidad de España, a decir verdad, era mucho peor, pero por aquel entonces yo sólo veía aquello y me empeñé –con la misma cerrilidad que el creyente al que la fe se le desmorona porque carece de base– en considerar que el problema no era la izquierda sino esta izquierda. Fue precisamente en esa época cuando conocí a algunos de los elementos críticos del PSOE –críticos precisamente con Felipe González– que, supuestamente, podían cambiar todo. La experiencia duró unos meses, y de ella salí definitivamente convencido de que no es que la izquierda tuviera problemas, sino que el problema era la izquierda. No sabría decir si llegué a esa conclusión al ver, por ejemplo, que consideraban a Santiago Carrillo un héroe; al comprobar que eran incapaces de ver que la renovación pasaba por algo similar a Tony Blair o al percatarme de que su mensaje no era sustancialmente distinto al de Felipe González, aunque, eso sí, ellos no tenían el poder y lo deseaban.
Mi ruptura definitiva con la izquierda se produjo, así, de manera nada traumática ni dolorosa. Fue como la ruptura de una soga cuyos hilos se hubieran visto segados poco a poco, y cuando el último se soltó sentí únicamente que había sucedido lo que tenía que suceder. A esas alturas, mis razones para romper eran las mismas que ahora y estaban formuladas con la misma contundencia en mi mente, aunque todavía no expresadas con tanta nitidez por escrito como en los últimos años.
En primer lugar, rompí con la izquierda porque amo la libertad. El amor por la libertad forma parte de mi carácter por diversas razones. Entre ellas se encuentran la pertenencia a una minoría religiosa que ha sufrido durante siglos la persecución y la intolerancia; la pasión por escribir o el deseo de analizar sin cortapisas el mundo que me rodea. Para todas y cada una de esas facetas esenciales de mi vida necesito la libertad, y lo cierto es que los grandes proyectos totalitarios de la Historia han sido socialistas. No se trata únicamente de que el primer Estado totalitario de la Historia fuera levantado por los bolcheviques, sino de que el mismo fascismo fue un proyecto socialista. Durante los años veinte, los Estados más intervencionistas eran la URSS de Stalin y la Italia fascista de Mussolini, y nunca me resultó sorprendente que Hayek señalara que el nacionalsocialismo alemán, lejos de ser derechista, era tan sólo otro modelo socialista que se parecía enormemente al soviético. El propio Mussolini lo dejó claro ya en los años veinte, cuando señaló que el fascismo sólo era un socialismo nacional. Si la gente supiera historia, se percataría de hasta qué punto las políticas socialistas y socialdemócratas de la posguerra son tributarias del fascismo italiano, y hasta qué punto no pocos de los supuestos proyectos progres de ZP fueron antecedidos por medidas legales impulsadas por el propio Hitler. En todos y cada uno de los casos, la izquierda pretende tutelar y dirigir la vida de los demás desde el nacimiento –¡y antes!– hasta la tumba. Sin duda, la perspectiva resulta atrayente para muchos. Para mí, se dibuja escalofriante.
En segundo lugar, abandoné la izquierda porque creo en el individuo. Personalmente, estoy convencido de que el sujeto de derechos es el ser humano como individuo, y no la raza, el sexo o las circunstancias médicas. A decir verdad, la Historia muestra que los derechos individuales son los mimbres de la libertad, y que cuando se cercenan –como en el caso de la izquierda– la libertad se ve amenazada, si es que no desaparece. En términos generales, creo que el individuo sabe dar mejor uso a su dinero que el burócrata que decide quitárselo para utilizarlo en sus fines; creo que el individuo sabe educar mejor a sus hijos que el burócrata que decide adoctrinarlos y creo que el individuo gusta más de la libertad de lo que el burócrata está dispuesto a concederle. Lamentablemente, la izquierda está convencida de que sabe mejor que nosotros cómo debemos gastar nuestro dinero, cómo debemos educar a nuestros hijos e incluso cómo debemos emplear nuestro tiempo libre, y a mí esa vocación liberticida de la izquierda me resulta totalmente insoportable.
En tercer lugar, abandoné la izquierda porque creo en la justicia. Me consta –yo fui uno de los infelices– que, históricamente, la izquierda ha captado a no pocos de sus fieles predicando la justicia. Al hacerlo, no ha pasado de representar el papel de falso profeta. Pocas ideologías hay más injustas que las de izquierda. De entrada, la justicia, por definición, debe dar a cada uno lo suyo, y además debe comportarse con todos de manera igual e imparcial, es decir, debe actuar de manera diametralmente opuesta a como pretende la izquierda. Y es que la izquierda siempre ha creído en una justicia que trate a los seres humanos de manera desigual, apelando a artificios como la justicia de clase o la discriminación positiva. En un ejemplo de dislate jurídico, el Tribunal Constitucional español ha resuelto hace unos meses que es correcta una ley que castiga por el mismo delito de manera desigual a hombres y a mujeres. Saltando por encima de los Bills of Rights del derecho anglosajón y de las constituciones liberales, el Tribunal Constitucional ha regresado a Hammurabi, que también consideraba que las penas no podían ser iguales para todos los seres humanos.
Por si esto –que ya de por sí es muy grave– fuera poco, la izquierda tampoco da a cada uno lo suyo. Por el contrario, despoja –el término es del propio Marx– a unos para dárselo a otros. Las imágenes que surgen al decir esto son las de campesinos que reciben las tierras de los latifundistas o las de inquilinos que se quedan con los pisos de los propietarios. Semejantes realidades resultarían ya discutibles, siquiera porque no se termina de ver la justicia de que se prive del fruto de su trabajo –unos pisos o unas tierras– a un ciudadano para dárselo a otros pero es que, para colmo, la izquierda tampoco ha actuado tan generosamente nunca. Por el contrario, se ha limitado –en las dictaduras– a robar a unos para colocar el fruto del expolio bajo el control de una Nomenklatura que actuaba, supuestamente, en beneficio del pueblo. En Rusia nunca se repartieron tierras a los campesinos. Por el contrario, los bolcheviques se hicieron con la tierra, ligaron a ella a los campesinos con una dureza más cruel que la de los zares y, acto seguido, gracias a la incompetencia socialista en la gestión de la economía, causaron la muerte por hambre de millones de personas, algo desconocido en la Historia rusa. En las naciones occidentales, el sistema de despojo ha sido más sutil. Por ejemplo, el contribuyente de las clases medias se ve aplastado por los impuestos para que los titiriteros progres cobren sustanciosos contratos pagados con esos mismos impuestos. Se despoja a los trabajadores para enriquecer a la Nomenklatura y a sus paniaguados. Demos gracias a Dios de que, al menos, no existe el gulag, aunque es innegable que sí existe una injusticia mantenida de forma sistemática.
En cuarto lugar, dejé la izquierda porque creo en el esfuerzo personal y en la excelencia. Lejos de sentirme satisfecho con el mundo en el que vivo, estoy convencido de que muchas cosas han de cambiar, pero para que puedan cambiar a mejor, nosotros hemos de ser mejores, es decir, exactamente lo contrario de lo propugnado por la izquierda. En su afán por controlar nuestra vida desde el claustro materno hasta después de la muerte, la izquierda está empeñada en crear un sistema igualitarista que no afecte, por supuesto, a los miembros de la Nomenklatura. Uno de los terrenos donde se percibe con más claridad semejante perversión es el educativo. Como sabemos no pocos por experiencia, la buena educación es el único camino que permite a los hijos de familias humildes salir de su estrato social y progresar. La izquierda, con su empeño en conformar la educación no de acuerdo a criterios de excelencia sino de igualitarismo, ha cegado ese camino a millones de niños y jóvenes. La educación que reciben en centros públicos es mala, sectaria y deficiente, pero, por añadidura, es una educación diluida y aguada para que hasta el más tonto y el más vago pueda sacar un título. No siempre se consigue esta última meta, pero, por regla general, sí se logra apartar a no pocos de los mejores del camino hacia el éxito. Por supuesto, los miembros de la Nomenklatura –los que han creado ese sistema que persigue por definición la excelencia– no son tan estúpidos como para convertir a sus hijos y allegados en víctimas de sus acciones. Recuérdese que en España los ministros socialistas no llevan a sus hijos a los centros públicos que sufren las consecuencias de sus actos, sino a elitistas centros privados. De nuevo, la igualdad y la justicia son trituradas por el igualitarismo de la izquierda.
En quinto lugar, abandoné la izquierda porque creo en la inteligencia y en la belleza. A pesar de que la propaganda de la izquierda insiste en lo contrario, la izquierda ha demostrado una pasmosa incapacidad para crear algo bello y, a la vez, inteligente a lo largo de su dilatada Historia. Cuando ha sido inteligente, no ha solido pasar de la categoría de agitación y propaganda y la belleza, por regla general, ha brillado por su ausencia… a menos que consideremos bella una composición tan cursi e idiota como ésa de "el sable del coronel. Cierra la muralla". Todo eso por no hablar del dinero de nuestros impuestos gastado a raudales en gente de la farándula de la más dudosa calidad artística. El hecho de que Miguel Ángel, Cervantes, Beethoven o Shakespeare salieran adelante –y crearan obras geniales– sin pertenecer a la izquierda ni cobrar subvenciones debería llevarnos a reflexionar. El hecho de que la izquierda, a pesar del dinero de los demás que ha gastado en ello y a pesar de su supuesta superioridad moral, no haya tenido un Bach, un Goethe o un Velázquez, sino, como mucho, algunos compañeros de viaje, da para pensar, y mucho. Sin embargo, no resulta tan extraño. Cuando no se busca el talento ni la excelencia, cuando se prima la sumisión a las consignas, cuando se persigue a los que destacan, cuando se odia la excelencia y se prefiere el sectarismo sumiso, el resultado no puede ser otro.
En sexto lugar, abandoné la izquierda porque carece de mensaje que vaya más allá de la opresión de los demás. Por más que se esfuerce en presentarse como un frente de progreso, la verdad es que la Historia ha derrotado en toda línea a la izquierda. Dejó de manifiesto con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS que el socialismo real había sido una pesadilla más que un sueño, y los jirones que aún persisten de ese sistema –Cuba, Corea del Norte, etc.– constituyen muestras patéticas de tiranías cruentas y agónicas.
Por si fuera poco, el mismo mensaje de la socialdemocracia ha demostrado su fracaso para solucionar problemas y, por el contrario, ha dejado de manifiesto que sus efectos perversos son múltiples y dañinos.
Ayuna de éxitos, la izquierda sólo tiene dos caminos. O bien se derechiza para salvar a los Estados de las consecuencias nefastas de las políticas de izquierdas, o bien se entrega a la defensa de las rancias políticas de ayer acentuando el elemento opresor mediante el trato de favor a lobbies no representativos pero feroces y agresivos. El primer caso es el de la política de Tony Blair, que sobre el papel es de izquierdas pero que, en realidad, constituye un ejemplo de que la izquierda sólo puede esperar hacer algo sensato y de provecho si gobierna con las recetas de la derecha. El segundo caso es el de ZP en España. Incapaces de conservar los logros de los gobiernos del PP y carentes de escrúpulos, ZP y sus adláteres lo mismo defienden dictaduras como la cubana o la venezolana, que propugnan la imagen de la Segunda República española creada por la Komitern de Stalin, que se arrodillan ante los programas delirantes del feminismo radical –que es más que dudoso que represente a las mujeres– o del lobby gay, que, con toda seguridad, no representa a los homosexuales. El resultado de esa esterilidad política, social y ética es volcarse cada vez más en políticas que tan sólo buscan oprimir a los demás indicándoles lo que pueden hacer, lo que deben pensar, lo que han de sentir, lo que han de comer, en qué tienen que emplear su tiempo libre e incluso cuándo y cómo tienen que morir, y, como en todas las tiranías, la satisfacción de los tiranos se sustenta en la opresión de los tiranizados.
Al fin y a la postre, de acuerdo a la ortodoxia de la izquierda, la sociedad se ve dividida en tres grandes grupos: la Nomenklatura, que nos dice todo lo que hemos de hacer, decir y pensar; los grupos minoritarios y escasamente representativos a los que la Nomenklatura favorece –porque los ve como aliados naturales– mediante subvenciones y prebendas y, por último, los que con nuestro trabajo y nuestros impuestos mantenemos a una Nomenklatura que nos oprime.
Al fin y a la postre, la izquierda acaba instaurando una dictadura sutil en Occidente –brutal en el resto del mundo–, donde la libertad, la excelencia, el saber, la justicia y la belleza se ven sustituidas por la tiranía, la estupidez, la ignorancia, la injusticia y la zafiedad. Obsérvense determinados gobiernos y dígaseme que no es cierto y, sobre todo, que no son razones más que sobradas para abandonar la izquierda, a menos que uno desee formar parte de la dorada Nomenklatura que decide lo que los demás deben hacer, decir y pensar, mientras ella vive del fruto del trabajo de los otros.
A estas seis razones de carácter general para abandonar la izquierda desearía añadir una séptima de carácter más personal. Abandoné la izquierda, y resultó decisivo en mi caso, porque soy cristiano. Es cierto que durante años pensé –y estaba profundamente equivocado– que los valores de la izquierda eran algo así como una visión laica de los valores propugnados por el cristianismo. Pensaba yo –y erraba gravemente– que las palabras justicia, libertad o dignidad tenían el mismo significado. La realidad es que no se corresponden ni por aproximación. De la misma manera que el Jesús del Código Da Vinci sólo tiene en común con el de los Evangelios la colocación de las letras del nombre. Conceptos como los de justicia, libertad, dignidad o vida son diametralmente opuestos en la formulación de la Biblia y en la de la izquierda. Entrar en un examen detallado de la cuestión podría ser objeto de un ensayo, pero, obviamente, desborda la finalidad de estas páginas. Basta, sin embargo, ver cómo los denominados cristianos de izquierdas acaban siendo mucho más de izquierdas que cristianos, o cuáles son las posiciones de la izquierda sobre la vida o la familia, para percatarse de que entre ambas cosmovisiones se despliega un abismo tan insalvable como el que separaba a los réprobos del Hades de los bienaventurados del seno de Abraham en el Evangelio. Una persona que, de verdad y de corazón, ame las enseñanzas de Jesús no encaja con una visión del mundo que pretende controlar al ser humano desde antes de nacer –para facilitar su eliminación– hasta su muerte –para despenalizar su eliminación–, ni tampoco con discursos que pretenden encerrar a los creyentes en sus lugares de culto, o que pasan por alto la naturaleza humana, o la mera realidad, a la hora de pensar en las tareas de gobierno.
Dicho lo anterior, personalmente estoy convencido, como ya he indicado, de que la izquierda no tiene mensaje tras el fracaso del socialismo y sólo le queda la esencia tiránica que ha contaminado su andadura desde su nacimiento, a finales del siglo XVIII.
Dado que no vamos –¡demos gracias a Dios!– hacia la dictadura del proletariado ni es previsible que el socialismo real se mantenga en pie mucho más allá de la muerte de Fidel Castro, la izquierda sólo puede ofrecer un mensaje achatado, obtuso, de tiranía y control, de totalitarismo y entontecimiento creciente de las masas que, como criticaba Juvenal, sólo ansíen pan y circo y para ello estén dispuestas a aceptar la vileza y la animalización. Pero ésa es una razón adicional bien poderosa para abandonarla.
Sin duda, en el seno de la izquierda existen personas de buena fe que están convencidas de que se hallan en el mejor lugar para ayudar al prójimo. Es posible que tarden en salir de esa equivocación años, y sólo Dios sabe el daño que habrán podido causar a los que desean ayudar durante ese tiempo. Pero a esas personas que, de corazón, desean ayudar a los demás, y no buscarse un pesebre a costa del sudor de los demás, se les podría decir lo mismo que el autor del Apocalipsis gritaba a la gente decente que aún se hallaba en las garras de Babilonia la grande, la prostituta, roja y borracha con la sangre de los santos y de los inocentes: "Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas" (Apocalipsis 18, 4).
NOTA: Este texto es el epílogo a POR QUÉ DEJÉ DE SER DE IZQUIERDAS, de JAVIER SOMALO y MARIO NOYA, que acaba de publicar la editorial Ciudadela.
111 Comentarios
Aunque no tenga que ver con el hilo creo que se debe comentar la ultima bofetada que nos da Europa a España por culpa de ese bulto sospechoso que tenemos como presidente del gobierno.
Por favor que deje de sacar pecho porque cada vez que ese zp presume Europa y las democracias occidentales no mandan más abajo todavía. En definitiva somos segun las potencias mediocres porque ni estamos entre los más industrializados ni somos una economia emergente.¡Que cruz!
Molondro,
Efectivamente, no los citas como socialistas. Pero esos señores hablaban de socialismo y marxismo. Y sus ideas nada tenían que ver con el socialismo y el marxismo reales que hemos conocido, a pesar de lo cual, se apropiaron de ellos. Es el gran hermanamiento que produce ser de izquierdas siempre y cuando seas socialista.
No obstante, me alegra que sepas separar los conceptos de izquierda y socialismo. Ahora ya solo espero que sepas definirme qué es la izquierda. Dáte tiempo.
Por favor, insisto en lo de la olla. Ahora metes a Miguel Ángel y Bardem. ¿Me quieres decir cuáles son las obras maestras que producen estos momios de barriga agradecida? Sigues mezclando churras con merinas y confundiendo el culo con las témporas. Vamos a ver las perdurables obras de Anita, Víctor, Sabina y Bardem dentro de 500 años. O sea, "El Quijote" y "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" se habrán equiparado por entonces.
Por cierto, cítame alguna productora subvencionada que no coloque a estos elementos siempre en sus producciones. Oye, que también vivimos en este país, ¿sabes?
Lo de la fundación de Franco no lo sabía y me alegro de que le hayan retirado las subvenciones de las que vivían esos viejos fascistas nostálgicos pero ¿cuándo van a retirar las subvenciones de las que viven esos jóvenes rojelios nostágicos del.........dinero? Porque para mí es lo mismo.
Y los científicos subvencionados ¿también los metes en el montón? A lo mejor Bernat Soria todavía pero ¿qué haces con el resto?
No se puede hablar de las grandes obras de Miguel Ángel para justificar las subvenciones porque también las hizo la Iglesia-Estado y luego decir lo que dices en tu último párrafo. Según tu nota, ¿todo lo que hizo la Iglesia por la cultura fue hacer que Galileo se retractara de sus teorías? ¡Vaya! ¡Yo creo que hay algo más! Sin ir más lejos tú mismo has puesto el ejemplo de Miguel Ángel.
Pero, en fin, caes en el rollete rojelio de cuando me interesa lo uso y cuando no me interesa no lo uso. No nos convence, ya lo hemos oido muchas veces.
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22] Enviado por
Carlos el 21/10/2008 a las 21:25:30
El post escrito por José Antonio Ruiz ha sido eliminado y muy bien eliminado. Más vale tarde que nunca para subsanar un desliz del administrador.
Como se enojará mucho por su eliminación yo querría poner una definición médica, si se me permite, antes de que reincida con mayor inquina:
Síndrome del Lóbulo Frontal
Trastorno mental orgánico caracterizado por cambios marcados de personalidad, con desarrollo de ciertos patrones para relacionarse con el medio ambiente que han sido asociados con lesiones del lóbulo frontal; tales como inestabilidad emocional, deterioro del control del impulso y del juicio social y una marcada apatía e indiferencia. También conocido como síndrome de la personalidad orgánica.
Hágaselo ver por un profesional, amigo.
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23] Enviado por
Carlos el 21/10/2008 a las 21:55:24
gabriel bz:
¿Te has preguntado alguna vez por qué todos los "intelectuales" de la iquierda casi siempre han desarrollado su "intelecto" en paises capitalistas? ¿Has visto la pleyade de intelectuales, artistas, etc. que han desarrollado sus ideas en los paises de izquierdas? !Pero si hasta les prohiben pensar, hombre! ¿Cuantos escritores, pintores, filosofos, etc. conoces que se hayan hecho famosos en estos paises y a nivel mundial promoviendo su conocimiento estando allí? Eso sí, deportistas, futbolistas, etc. todos los que quieras. !Y hablas de patetismo y de vigas en no se qué ojos! Hay que jorobarse.... (que este es un blog serio).
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24] Enviado por
gamonal el 21/10/2008 a las 23:26:02
¡¡Haber cuando viene a Barcelona a una firma de libros Don César!!
Un saludo.
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25] Enviado por
RAYDEN el 22/10/2008 a las 11:31:55
"gamonal" no es verdaderamente cierto lo que dices. Esto es que solo y exclusivamente en los paises capitalistas se hayan dado intelectuales. Luego mencionaré dos, eso si, posteriormente "purgados" u olvidados por la "real politik".
En principio veo errores de concepto: el fundamental que el ser de izquierdas carece de matices: esto es, el sistema capitalista, el cual comparto, al igual que la democracia nacida de la revolución burguesa, debe tener el "contrapeso" de la izquierda, entendiendo esta por aquella que no hace "santuario" del libre mercado que se autoregula. la esencia del liberalísmo económico es la de un simple estado "polícia". Esto es, como el mercado todo lo regula y se autoregula, el Estado, como concepto debe quedar minimizado a tener u ofertar al ciudadano solo el "control policial". Ese Estado ideal sería pues, aquel que con un sistema sin regulación solo requeriría del hacer policial, para "resolver" los confictos que inevitablemente se dan entre los individuos funcionando a su libre albedrío. No hay que decir que este "santuario", al igual que el "santuario" marxista hace aguas porque la dura ralidad histórica ( y ahora estamos en uno de esos momentos) asi nos lo ha dicho. No se puede santificar ni el socialismo marxista, ni el liberalísmo smithsiano. No dejan de ser dos pensamientos de caracter "mecanicista" nacidos logicámente en el siglo XIX.
Señalaré, por lo demás, artistas de tremenda importancia que por ejemplo defendieron en su día y trabajaron para la Revolución Rusa: Eisestein para el cine como Arte y no como mero producto industrial. O Kandiski como pintor. Ellos "nacen" con y para la revolución rusa. Efectivamente, ellos como artistas de su època tienen otra visión de la realidad. Y la exponen. Luego son denostados u olvidados. Qedan muy lejos, con sus obras, del culto a la personalidad estalinista, ya que en la antitésis de un izquierdista el culto a la personalidad que el socialismo real hace. Mencionaré otro escritor de gran valía literaria: Alejo Carpentier.
Mira, conocí Cuba en la época "gloriosa" en que aún existía el Muro. Esto es la URSS y sus satélites. Mi experiencia ( fuí a conocer, ver in situ, evitando en lo posible los prejuicios) fue la confirmación de lo que es una dictadura. Pura y dura. Fuímos perseguidos por la polícia. Vi detenciones arbitrarias de cubanos. Es claro que cuando en 1960 llega Fidel "mandó parar" porque el pais se ha quedado como en un mal sueño ahi: parado y destruido. Vi lo que es una movilización militarizada de toda la gente, con los migs pasandonos casi por encima de la cabeza... todos vestidos de uniforme militar. El sistema "funciona" no por su extraordinaria policía (no se ven mucho), no hace falta: hay otro medio más sutil y efectivo: la delación. Y de ahi a la detención hay un paso.
Con esto quiero decir que he vivido en carne propia lo que es un sistema comunista en su esplendor.
En fin no sé si me he explicado. Con ello no quero decir que beba y coma por nuestros representantes socialdemócratas (PSOE). No precisamente. Solo hay que recordar hechos.
Soy de ideas socialdemócratas y esta ideología tiene sus contradicciones tanto en su praxis como en sus ideas o fundamentos. pero me muevo en esos parámetros ideologicos. Espero, para ud. tan respetables como otros.
Lo de la "viga en ojo..." lo digo porque el Sr. Vidal ( y me recordó a las advertencias más cosas de mi época como estudiante en los agustinos) no es quien para decir que a persona de izquierdas de buena fe, debe "convertirse" como él, porque, y según él, aún de buena fé todos/as hacen un daño sin precedentes que "solo Dios sabe". Eso es mucho decir. hay que tener más rigor en lo que se dice y fundaenta. Por cierto a sé que este es un blog serio, de otra forma no hubiese o daria opiniones, que espero, como las suyas, sean respetadas. Un saludo cordial
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26] Enviado por
GabrielBZ el 22/10/2008 a las 12:20:40
Somos muchos los que habiendonos identificado o entusiasmado en nuestra juventud con la izquierda, la abandonamos asombrados de nuestro error. Mi experiencia resumida fue brutal.
En 1982, razones de trabajo me hicieron vivir unos años en una de las llamadas "Republicas Democraticas", (aFRICA). Los niños tenian organizaciones juveniles "pioneros" pañuelo rojo al cuello, se cantaba la international y el pais era independiente.(como echaba de menos el pueblo a los franceses!!) Gobernaba un despota dictador del Partido Comunista (llevava 10 años construyendo un Palacio, inspirado en el de una antigua reina ) , la gente estaba en la mas absoluta miseria. Corrupcion generalizada, y empresarios indios haciendo grandes negocios y viviendo en mansiones. DESOLADOR. Eso era el socialismo en africa, un fantastico negocio para los nuevos dirigentes.
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27] Enviado por
jotaele el 22/10/2008 a las 13:11:42
Señor Vidal, trata la izquierda (y la derecha) con un reduccionismo inaceptable. Como si dentro de cada una no existiesen diferentes posiciones políticas en cuanto a derechos humanos, tolerancia religiosa, campos de intervencionismo, discriminación positiva, etc.
"Progre", "socialista", "izquierda", "derecha", "libertad"... hay tantos conceptos que convendría separar y analizar, si se quisiese ofrecer una visión objetiva del asunto. Si se quisiese, claro...
Por otro lado, puede dar la impresión, al leer (en todo caso se la dará a un extraterrestre, no a quien viva de modo más o menos continuado en el planeta Tierra), que la corrupción y la hipocresía son endémicas de la izquierda y no tienen nada que ver con la derecha, o que el control sobre el pensamiento del individuo es algo propio e inseparable de la izquierda y el socialismo y no existen en el mundo neoliberal. Curioso que haga ud. referencia al "despojo sutil" por los gobiernos de izquierda. Podríamos hablar también del "despojo sutil" por las multinacionales a quienes sirven los gobiernos de derecha (y algunos que ud., en su reduccionismo, llamaría "de izquierda"). A su referencia a la "dictadura sutil" podríamos sacarle jugo asimismo, pero ahorraremos letras, me imagino que no hará falta que le ponga ejemplos.
Por cierto, la "tiranía cruenta y agónica" de Cuba es uno de los estados más respetuosos con los derechos humanos de todo el mundo, por delante de muchos estados "democráticos" europeos, y por supuesto, por delante de Estados Unidos. No lo digo yo, lo dice Amnistía Internacional. Eso pese a la demonización gratuita de que Cuba (y otros países aguafiestas que no quieren jugar con nosotros al gran juego del Libre Mercado) es objeto por parte de los Señores del Cuarto Poder en España (y por favor, no me mente a los magnates de PRISA, ya le anuncio por adelantado que tienen poco que ver con la izquierda).
Es curioso que un momento de crisis aguda del sistema neoliberal (el cual intentan estos días "refundar" sus adalides a base una reunión de amiguetes en la que se decidirán las reglas del juego económico futuro de todo el Mundo sin tener que dar voz a países cuyo voto pondría en serios aprietos la continuidad del sistema) se saque de nuevo el manido mantra del presunto fracaso del socialismo. La derecha neoliberal nos aseguró que su sistema "refinitivo" y su deificado Libre Mercado (gobernado por alguna suerte de genio inteligente que hace que todo se arregle y se equilibre, en quien depositaba su fe Adam Smith y la siguen depositando muchos) llevarían al mundo al Nirvana de la plenitud económica y el bienestar. Dejando a parte los supuestos "daños colaterales" durante la transición a esa sociedad liberal ideal y justa que nadie sabe exactamente a cuantos años luz nos queda y nisiquiera cual es su verdadera naturaleza, lo cierto es que a día de hoy, décadas después de la refundación del capitalismo (la anterior a la de Sarkozy, digo), el panorama es este: hambre y miseria para la mayoría de la población del planeta, especulación financiera, del suelo, dumping, depredación sistemática de los recursos naturales en países cuya población es la última en obtener provecho, anulación progresiva de la soberanía alimentaria de los pueblos, corrupción de gobiernos, guerras tribales y entre naciones instigadas o mantenidas por poderes político-económicos occidentales, degradación del medio ambiente producida por un sistema de crecimiento insostenible no basado en perspectivas reales, etc. etc. etc. Y el futuro no es más halagüeño.
¿Y qué pasa cuando entra en crisis el sistema neoliberal? Que el estado que le sirve rompe la sacrosanta regla del no intervencionismo e interviene.
Eso sí, la belleza es cosa de la derecha.
Y Jesucristo, por supuesto, era de derechas.
Pese a todo, le voy a dar señor Vidal presunción de buena fe, al igual que ud. ha tenido el detalle de dármela a mí.
Parece buena la fe, por ejemplo, que tiene ud. en lo moralmente correcto del hecho de que reciba su premio (económico, claro) quien por su esfuerzo ha hecho méritos para ello. Esto parece a primeras sensato, señor Vidal, pero aplicado en el mundo real plantea problemas gordos. En primer lugar, porque obvia la existencia de la variable "especulación". En segundo lugar porque obvia las variables "avaricia" y "egoismo" (muy poco cristianas, por cierto), las cuales que, como derecho subjetivo, son totalmente respetables, el problema es que su puesta en práctica (unida a la especulación) en términos macroeconómicos y en un Mundo real con recursos limitados y con situaciones de desigualdad previas entre países, entre clases sociales o entre etnias, desemboca irremediablemente en lo que desemboca.
¿O cree ud., señor Vidal, como creía Calvino, que la riqueza efectivamente poseida es indicativa del favor divino?
Si es así me cayo.
Estaría bien que nos visitase de nuevo Jesucristo y nos lo aclarase. (Y a ser posible que me conviertiese a mí de nuevo en cristiano.)
Puede ud. quedarse sentado esperando a que a los magnates de la economía les de por ser "mejores", como a ud. le gustaría y a mí también. Yo, algo más pesimista, creo que seguiré aplaudiendo medidas estatales de protección del mercado interior, de los pequeños productores, de la autonomía alimentaria, de aquellos individuos y grupos que tienen mucho que decir y mucho sentido común que aportar pero que no tienen voz en los medios de comunicación al servicio de los de siempre. Son simplemente actos reflejos ante la agresividad desbocada y suicida del capitalismo. Y no, mal que le pese, no acaban siempre en dictaduras.
En todo caso, espero (sinceramente) que ud. y yo en el cielo nos veamos. Porque ¡recórcholis! buena fe no nos falta.
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28] Enviado por
Iguanodon el 22/10/2008 a las 17:08:42
Totalmente de acuerdo con Galceran... muy acertado tu análisis.
Jotaele: "Somos muchos los que habiendonos identificado o entusiasmado en nuestra juventud con la izquierda, la abandonamos asombrados de nuestro error". YO TAMBIÉN, aunque mi experiencia resumida no resultase tan brutal como la tuya pero creo que es la de bastante gente de mi generación:
Yo nací en 1962 y la primera vez que pude votar fue en octubre de 1982. Fui uno de los 10 millones de 'capullos' que votamos a Felipe entusiasmado como tantos 'por el cambio'...pero muy pronto me arrepentí, y fué cuando después de prometer Felipe en su campaña electoral que no subiría la gasolina varios meses después incumplió su promesa aprobando una de los mayores incrementos de la historia de los combustibles; claro, yo era un alma ingenua de 20 añitos, alma cándida que diría mi admirado Fede.Losantos, estudiante de clase media con la necesidad de hacer 60 kms. diarios para ir a la facultad en mi "ochoymedio" de segunda mano. A más de uno le parecerá una chorrada pero ese día me desengañé de estos políticos falsarios y fariseos que tenemos-padecemos los españoles... y así hasta ahora... el perjuicio económico y el engaño fue ron para mi tan importantes que desde entonces NO volví a ejercer mi derecho al voto NI UNA SOLA VEZ... hasta que pasó lo del 11-M.
Los días siguientes a la tragedia mi intención era seguir fiel a mis principios y no votar a nadie, pero como todo hijo de vecino no paré se seguir los acontecimientos (Cope, Ser, RNE... televisiones) y me dió en la nariz o que se nos avecinaba; así que el 14-M de 2004 a las 19,45 horas no se cómo pero salté del sofá como un resorte y bajé a mi colegio eletosctoral para votar a Aznar (eso creia yo, luego me percaté que había votado al solemne Rajoy).
No he vuelto a hacerlo. Mis amigos me dicen que yo soy apolítico pero yo siempre les niego la mayor: sencillamente no me gustan los políticos que tenemos, de izquierdas y de derechas, porque al final siempre tengo la sensación de que nos toman el pelo y, lo peor es que actuan así porque desgraciadamente existe una mayoría de votantes que se dejan tomar por tontos.
Un saludo para todos
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29] Enviado por
Ferrojota el 22/10/2008 a las 17:40:06
Como ntes he indicado NO hay regla que diga que en los paises del llamado socialismo real NO hay ni ha habido, o pude haber artistas, intelectuales en su intrinseco valor como tal de "vocación" y reconocimiento universal, fuera de un sistema llamado capitalista. Los artistas que en mi post anterior he mencionado asi lo confirman. Luego ideologicamente ( ej: Alejo Carpentier no fue denostado por el Gobierno Cubano para el que trabajó siempre) seran lo que seran y tendran las contradicciones que tengan. No es exclusivo de estos. La contradiccón forma parte del ser humano en su devenir en la vida.
Se cita el otro post que dos autores escritores son "admirados" o "rechazados"`por la izquierda: en un lado estaria Federico Garca Lorca. Decir de este que es un mediocre poeta es más que mucho decir. Para mi el el poeta más "emocionante" junto con Hernandez de nuetra literatura moderna. creo que no soy yo solo el que lo digo. Y creo que hay razones sobradas para ello. Muchas. Por supuesto dejando a un lado su condición de homosexual, una anécdota en la vida de este hombre, eso si, que le costó la vida. Su obra ( pienso ahora en Yerma) teatral y su recuperación del cancionero, po ejemplo, no es menor. Lorca fue y sera un poeta superlativo.
Sucede que yo si admiro a Vicente Blasco Ibañez tambien. Me es muy costoso y estúpido, denostar a artistas por sus creencias políticas.Sean estas de derechas o de izquierdas en un maniqueísmo ignorante. Ignorar a Ibañez o no leer al mismo por prejuicios políticos es muy triste.
Es como si uno denostase a Perez Galdos ( para mi creador del lenguage literario moderno español) por sus ideas políticas
Creo además que los artistas con valía son dificilmente encasillables. Simplificamos demasiado.
Por lo demás y sobre determinados cantantes voy a romper una lanza en casos difícil de "romper": Uno me gusta mucho y otro no. Son Serrat y Sabina.
De Joan Manuel Serrat como cantaautor y "recuperador" de poetas españoles creo que hay poco que decir. Tiene ya canciones imperecederas. Y pocos, muy pocos de los que aqui escribimos no nos sabemos o no podemos tatarear muchas de sus canciones. Quierase o no, Serrat ha trascendido al tiempo. Sus canciones, al igual que la de un Brel son ya patrimonio de todos, y más en nuestra dos de nuetras lenguas: el castellano y el catalán. Ese es su éxito y su valía.
Sabina no me gusta. Pero de ahi a decir que no tiene valor su trabajo hay un trecho muy muy largo. Nos guste o no, esta ahi, y para mi en muy menor medida, tiene el mismo valor que Serrat: sus canciones, letras y música, "le han transcendido" y forma parte ya de acervo popular, sea el pueblo de la ideologia que sea. Si no andamos con prejuicios y demás, hemos de reconocer su obra. E insisto, Sabina no me gusta. Pero no quito que es ni lo que ha hecho.
Por tanto, y para finalizar: NO simplifiquemos y seamos reduccionistas.
Yo inicié mi primer post porque consideraba poco "trabajado" o "trabajada" la quinta razón del Sr. Vidal para "dejar de ser de izquierdas" (alguien, que no olvidemos, lo fué). Yo lo he sido desde siempre. Eso si. Nadie me "ha salvado" ni he cambiado de chaqueta. Tal vez porque siempre he procurado ( que NO logrado) ser consecuente. No he tenido "pasiones" políticas de las que "enamorarme", y tal vez por ello, tras "relación roto" es el odio o la inquina la que me mueve, me movió ni moverá. Tengo mis ideas. No reniego de ellas, ni renegaré. Pero eso si,igual que NO soy quien para dar lecciones a nadie sobre lo que es por esencia bueno y cierto y lo que no lo es, por la misma regla de tres, no admito que me las den. Absolutamente nadie. Más si esa persona en na falsa autosuficiencia, cree que esta por encima del Bien y el Mal. Sea del "color" que sea, y fué.
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30] Enviado por
GabrielBZ el 22/10/2008 a las 17:44:00