Ayudas y contribuciones
Funciona con Kickstarter Queridos amigos: como ustedes saben el programa La Voz se realiza con un equipo reducido – aunque me atrevo a decir que excelente e incluso inmejorable – con un director y alguno de los colaboradores que no han percibido un solo céntimo por su labor. El programa no cuenta con medio económico alguno y, de la manera más firme y consciente, no percibe ingresos por publicidad pública o privada.

Hoy comenzamos un nuevo crowdfunding con la misma empresa estadounidense con que lo realizamos el año pasado. La meta está en reunir la cantidad total de setenta mil dólares por la sencilla razón de que, a pesar de que son muy modestos los sueldos del personal, los gastos se han incrementado más que considerablemente. Otro año más, el director y alguno de sus colaboradores seguirán sin percibir pago alguno por su labor.

Como en otras ocasiones anteriores, nos limitamos a cumplir con nuestro deber, a esperar que la gente responsa y a confiar en Dios. Es nuestro deseo que a este crowdfunding contribuyan los que escuchan La Voz y consideran que merece la pena mantener un programa que es libre y veraz, entre otras razones, porque – insistimos en ello - no depende de publicidad privada e institucional. Con todo, si no hay gente suficiente que desee mantener abierta esa ventana a una información libre e independiente, lo aceptaremos. Los oyentes lo habrán decidido, cerraremos el programa y a nosotros nos quedará la satisfacción de haber perdido mucho dinero, pero, al menos, haber servido a los demás hasta donde pudimos. A continuación, nos dedicaremos a otras tareas en beneficio de nuestros congéneres. Hay mucho campo por trabajar y, con seguridad, no nos faltarán causas nobles a las que dedicarnos. En cualquiera de los casos, gracias adelantadas por lo que suceda.

Si desean colaborar para que este espacio de libertad y verdad pueda escucharse desde Groenlandia a la Tierra del fuego pueden conseguirlo haciendo click en los enlaces a continuación. Este año, por segunda vez, realizamos el crowdfunding via Kickstarter, el sistema más seguro disponible en Internet para recaudar fondos, que sólo se emplearán en los gastos derivados del programa La Voz. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!




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Sic Transit…

13/11/2017
Publicado en Actualidad
¡Qué frágil es la reputación, en especial, la de pueblos y sociedades! En 1868, España provocó la admiración mundial al destronar incruentamente a Isabel II.

Apenas unos años después, tras el desmadre del denominado Sexenio revolucionario concluido con la Primera república, la imagen de la nación andaba por los suelos. Lo he recordado con profundo dolor en las últimas semanas en relación con el golpe de estado de los nacionalistas catalanes. Es cierto que jamás me he encontrado en ningún lugar del globo a nadie que pensara que los catalanes eran los suizos o los judíos españoles. Semejante patochada petulante se la he oído a algún catalán, pero a nadie más. Sin embargo, sí es verdad que no era tan difícil dar con gente que pensaba que los catalanes se encontraban entre las gentes más serias de España. Esa percepción ha quedado reducida a añicos en los últimos tiempos. Por unas horas, mientras los nacionalistas recurrían a su victimismo y hablaban de la represión sufrida a manos de las fuerzas policiales el 1-O, no faltó quien señalara que encontrándose entre lo más formal de España a lo mejor no era tan raro que quisieran marcharse. Pero las mentiras duraron poco. De repente, en el extranjero se enteraron de que en Cataluña no se puede estudiar en español – una locura acogida con rostros estupefactos – que la región se lleva la parte del león del FLA o que disfruta de una autonomía que no se da en ninguna nación europea. Cuando a esto se sumaron las comparecencias tardías de Puigdemont, la huida de las empresas y la soledad internacional, la sensación que ocasionaron los nacionalistas catalanes se convirtió en penosa. Quizá todo comenzó cuando Charlie Hebdo les dedicó una portada en que los calificaba de más gilipollas – disculpen la grosería, pero es lo que afirmaba la publicación francesa – que los corsos. Lo que vino acto seguido se escapa de las calificaciones duras, pero educadas. Creo que en estas semanas no he escuchado menos de una cincuentena de calificativos injuriosos para referirse, sustancialmente, a lo que consideran estupidez genética de los nacionalistas catalanes. Y la situación no ha mejorado con la comparecencia belga de Puigdemont o los lloriqueos de Junqueras o incluso con Pilar Rahola, especialmente al publicarse que su tío Pere firmó un manifiesto en 1936 apoyando al ejército de Franco. Sic transit… Así pasa la gloria del mundo.







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