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Resucitó

02/04/2018
Publicado en Meditación del día
No olvidaré la escena. Había quedado citado en un restaurante cercano a Colón con un amigo ruso. Como suele suceder, llegué antes. Entretenía la espera leyendo cuando vislumbré su figura en la entrada. Me levanté para saludarlo y entonces, para pasmo de otros comensales, mi amigo me dio tres besos en las mejillas a la vez que me decía en ruso: “Ha resucitado”.

Casi sin darme cuenta, me escuché respondiéndole en su lengua: “En verdad, ha resucitado”. El episodio, aunque menor, era significativo porque, tiempo atrás, mi amigo había sido miembro del partido comunista de la URSS y, a diferencia de sus homólogos españoles, no se había arrimado a algún refrito del totalitarismo sino que había experimentado una conversión a Jesús. En la base de la misma, se hallaba la resurrección de Jesús. En medio de una sociedad que ha convertido en un plus político el ofender las creencias, erróneas o no, de los demás, algunos considerarán que hablar de la resurrección sólo puede obedecer a estupidez, fanatismo o maldad. Yo, sin embargo, creo que es sólo un testimonio de que la resurrección de Jesús, realizada en aquel domingo de Pascua del año 30 en Jerusalén, cambió mi vida hace años. También cambió la de sus seguidores más cercanos que habían corrido como conejos durante la crucifixión y que fueron arrancados del dolor y la desesperanza por las apariciones del crucificado, un crucificado que incluso llegó a comer con ellos y que les mostró como su trágico destino era el cumplimiento milimétrico de profecías como la contenida en el capítulo 53 de Isaías. Cambió igualmente las de aquellas más de quinientas personas que también lo vieron y que, en su mayoría, seguían vivas en la década de los cincuenta del siglo I de manera tan clara como para apelar a su testimonio. Cambió incluso la de un perseguidor de sus discípulos llamado Saulo al que se apareció cuando se dirigía hacia Damasco aunque las fuentes no dicen nada de que cayera de un caballo. Y desde entonces no ha dejado de cambiar existencias mostrando que Dios no permanece al margen de la vida incluso en sus peores momentos; que Dios puede responder a la pregunta de dónde estaba en Auchswitz señalando que clavado a una cruz; que Dios asegura que la muerte no es el final y que Dios proporciona alegría y esperanza incluso en las horas más arduas. No existe un mensaje más oportuno para un día como el de hoy. En verdad, Cristo ha resucitado.







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