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Regreso a Argentina (II)

04/12/2017
Publicado en Viajes
De Tucumán al asado en lo de Lousteau o cómo recordar lo que valen los amigos

El viernes 10, salgo temprano por la mañana hacia el aeropuerto. Esa misma tarde, he de estar en Tucumán adonde me ha invitado la Fundación Federalismo y libertad. Será un viaje relámpago – me hubiera gustado ver una ciudad donde Argentina proclamó su independencia, pero no será posible – para presentar mi libro sobre la revolución rusa. Voy a coincidir con Ricardo López Murphy, el que fue en varias ocasiones ministro y al que apodaron el bulldog por la firmeza de sus convicciones. Se ha afeitado el bigote – me contará que lo llevó siempre no porque le gustara sino por complacer a su madre – pero sigue siendo de apariencia impresionante. Tengo la enorme suerte de que no sólo compartiremos una comida con otras cuatro personas donde hablaremos de la Argentina sino que además presentará mi libro y luego tendremos una conversación pública sobre la extinta Unión soviética.

La impresión que los comensales tienen de Argentina es la que me voy a encontrar en los próximos días en todos los medios y en gente de todas las ideologías. Primero, Argentina va mejor siquiera porque se ha quitado de encima la pésima y corrupta gestión de Cristina Kirschner; segundo, la situación aunque mejor es enormemente frágil y podría con relativa facilidad empeorar y tercero, no está nada claro si el presidente Macri tendrá los redaños suficientes como para enfrentarse con la situación. La descripción que luego realizan de los males de Argentina especialmente su presión fiscal y las acciones de su Agencia tributaria son dolorosas, pero más duro es tener que reconocer que la situación en España es no poco peor. A decir verdad, los sicarios de Montoro son muchísimo peores – pierden más del 51 por ciento de los casos que llegan hasta los tribunales – que sus homónimos argentinos y también la deuda española es muy superior a la de Argentina. En fin, ya se sabe lo que da de si la España actual en ciertas áreas….

Por la tarde, me llevaré la grata sorpresa de encontrarme con un matrimonio que ha venido desde otro punto de Argentina sólo para escucharme. Son oyentes fieles de La Voz y, sobre todo, de doña Sagrario Fernández Prieto. ¿Cómo no voy a agradecérselo y a acceder a que me fotografíen con ellos? La verdad es que es una enorme alegría descubrir la cantidad de gente que escucha La Voz en cualquier parte del mundo.

La presentación transcurre muy bien. Tras mi exposición, la conversación con López Murphy será muy jugosa. Después nos espera una cena más que multitudinaria en conmemoración de la Fundación Federalismo y libertad. Los responsables son gente muy, muy joven más que imbuida del pensamiento liberal. En un momento determinado, me piden que improvise unas palabras para el auditorio. Les comento lo alentador que resulta ver a gente con tan pocos años organizando tan bien un evento de este tipo y, sobre todo, comprobar que su visión está enfocada hacia la libertad y no hacia pensamientos totalitarios.

Esa noche voy a descansar poco. Llegamos al hotel muy tarde y hay que levantarse muy pronto porque debo estar cuanto antes de regreso en Buenos Aires. En el aeropuerto, López Murphy está leyendo mi libro sobre la revolución rusa y me formulará algunas preguntas sobre Historia de Rusia. Pocos temas me agradan más para entablar una conversación y más teniendo en cuenta los tópicos y la ignorancia que suelen ser tan comunes a la hora de opinar sobre esa gran nación.

El sábado 11 va a ser un día más libre y muy grato. Mi única actividad semi-oficial será una cena organizada por la editorial Olmo que publica mi libro de la Revolución rusa. Lousteau, Caucino – el mismo autor de varios libros más que notable sobre Rusia – y Perina son viejos amigos con los que me reencuentro. Hay, junto a mi editor – que es un genio de la medicina - otros nuevos más que gratos. Entre ellos una crítica literaria que me confiesa que lleva años queriendo conocerme, en concreto, desde que localizó en una librería de segunda mano de Buenos Aires una copia de mi Jesús el judío. “Lo he leído por lo menos seis veces”, me dice con entusiasmo, “lo tengo subrayado y con anotaciones”. La verdad es que me conmueve la manera en que responden muchos de mis lectores en cualquier parte del globo. No pasa un solo día sin que me escriban varios en distintas partes del mundo preguntándome dónde encontrar éste o aquel libro. Los editores que decidieron impedir que publicara “un solo libro más hasta que aprenda la lección” (frase literal) hicieron un pésimo negocio editorial aunque, sin duda, se vieron recompensados por determinados poderes. Allá ellos. El encontrarme con gente que ha leído uno u otro libro, que comparte lo que disfruto con esa actividad, que incluso me comenta cómo su vida cambió por aquellas páginas que tiempo atrás yo escribí me compensan más que de sobra del sectarismo miserable de ciertas editoriales. El deber cumplido a fin de cuentas es el deber cumplido y yo sé que, a diferencia de no pocos, lo he cumplido siempre sin prestarme a componendas ni dejarme sobornar.

El domingo, tendré ocasión de predicar en la iglesia que pastorea Bongarrá, un amigo de hace poco tiempo al que me parece que conozco desde hace décadas. Muestra de cómo actúa la Providencia es que justo antes de comenzar el culto me señala su deseo de poder ayudar a los cristianos de Siria no para que abandonen su país sino para que puedan seguir arraigados en el mismo. Aprovecho para escribir un wasap a un amigo y preguntarle si podría ayudarnos al respecto. Antes de que comience el servicio, tendré una respuesta positiva. Dios actúa de las formas más inesperadas y prodigiosas. Desde luego, mucho más allá de lo que podamos imaginar.

El día concluirá con un encuentro muy especial. Será en casa de Guillermo Lousteau – lo de Guillermo que dirían por aquí – y como comensales estarán su esposa Marta, mi más que apreciado Mariano Caucino, que acaba de ser designado embajador de Argentina en Israel, y el propio Guillermo. Me cuesta pensar en una compañía mejor. Guillermo, Mariano y Marta son como una quintaesencia de los buenos amigos. Su educación, su cortesía, su cultura, su hospitalidad me llevan a rememorar los encuentros entre grandes humanistas y reformadores en el siglo XVI o entre ilustrados en el siglo XVIII. Dios sabe que los quiero de todo corazón porque son de lo mejor que me he encontrado en esta vida. De hecho, cuando Guillermo decidió abandonar Miami y regresar a la Argentina lo comprendí, pero no pude dejar de decirme que Miami no era consciente de lo que había perdido.

En un momento determinado, salimos al jardín y no sé de lo que hablamos, pero alguien recoge la imagen de como Guillermo, Mariano y yo reímos a carcajadas. La amistad es un don de Dios. No podemos escoger a nuestros familiares, pero sí a los amigos y yo siempre he deseado tener quizá pocos, pero buenos. Es lo que vivimos entre risas en estos momentos benditos. Sólo por estos momentos, merece la pena viajar del sur de la Florida a la Argentina. A lo largo de mi vida, he dado a mi amistad a gente que me engañó, que me traicionó, que me apuñaló por la espalda, que mostró su ingratitud no olvidando el bien que había recibido de mi sino vengándose de él. En comidas como ésta, me digo que, a pesar de todo, mereció la pena.

CONTINUARÁ







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