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Quinto centenario de la Reforma en Perú (y III): estreno teatral

10/11/2017
Publicado en Viajes
Mi viaje a Perú aparte de conferencias – el domingo dos, sin ir más lejos – de aparición en medios de comunicación – la última en televisión apenas unas horas antes de salir hacia el aeropuerto – concluyó con una gran ocasión: el estreno de mi drama Lutero en dos sesiones seguidas el 1 de noviembre. Cuento con poder ofrecer la grabación de la primera de las sesiones a no mucho tardar, pero ya les adelanto que quedé impresionado por el evento.

A lo largo de una década y mientras vivía en Madrid era fácil que pudiera asistir a un centenar de funciones teatrales durante el curso del año. Aunque intentaba ser muy selectivo no hace falta que diga que las veía buenas, malas, pésimas y, en ocasiones, excepcionales. En algunos casos, incluso me fue dado ver la última obra representada o dirigida por gente excepcional. Ése fue el caso de Gustavo Pérez Puig o de Pepe Sancho por citar dos ejemplos más que notables. En total, cada año podía asistir a un número de funciones que iba de ochenta a cien. Pues bien, puedo decir que la calidad de estas funciones de Lima anduvo entre el diez por ciento mejor.

Por supuesto, me podría detener en hablar del diseño de vestuario que fue excepcional o el escenario que contó con un montaje extraordinario. Sin embargo, creo que lo mejor fue el trabajo de los actores y la prodigiosa dirección. Mi obra comienza apenas unas horas antes de la comparecencia de Martin Lutero ante la Dieta de Worms y después, de manera retrospectiva, va acumulando los testimonios de las personas que tuvieron una parte en el drama. Alberto de Brandeburgo – unas de las interpretaciones que más me gustó – Johannes Tetzel, el predicador de indulgencias – genial y sobrecogedor Misael – el cardenal Cayetano, el papa León X, Carlos V – sensacional Joshua – Lutero, un magistrado y un par de pícaros son los personajes que van apareciendo en la obra y desgranando un drama que pudo haberse desarrollado de otra manera, pero que, de forma providencial, se desenvolvió logrando que la Biblia, Cristo y el Evangelio de gracia fueran devueltos al pueblo.

Las obras teatrales – aún más que las novelas – cuentan con matices sutiles que no siempre son percibidos por directores y actores siendo imposible en ese caso transmitirlos al pueblo. Sin embargo, en estas dos funciones, la dirección de Misael y la labor del elenco de intérpretes captaron a la perfección las ironías, los guiños, las referencias en que abunda el relato. Nunca me he sentido tan satisfecho al subir a un escenario a dar las gracias como esa noche en que tomé la palabra después de haberlo hecho Alicia. A todos – comenzando por ella – les di las gracias por el cúmulo de bendiciones de que fui objeto en esta visita. Difícilmente, hubieran podido tratarme con más atención, con más cortesía, con más amor. Fui por eso que afirmé en público que se había más que confirmado mi sensación inicial de que debía celebrar el Quinto centenario de la Reforma en el Perú. Era verdad y, sobre todo, era justo. Fueron días extraordinarios que me regalaron en ese país que no deja de fascinarme y al que sé que no tardaré, Dios mediante, en regresar. Lo más importante, con todo, es que fueron muchos los que se percataron de que la mejor forma de conmemorar el medio milenio de la Reforma es volverse a la Biblia, a Cristo, al evangelio de gracia y recuperar los valores bíblicos que han hecho la grandeza de unas naciones por encima de aquellas que nunca los recibieron.

(FIN DE LA SERIE)







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