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Pablo, el judío de Tarso (LXXVI): De Hispania a la segunda cautividad (I): Pablo en Hispania

08/04/2018
Publicado en Pablo, el judío de Tarso
Al cabo de dos años de detención, Pablo – como había pensado – fue puesto en libertad. Las razones para ese desenlace pueden establecerse con facilidad.

Se ha apuntado a la posibilidad de que sus acusadores no comparecieran en plazo ante el tribunal imperial y que la acción legal quedara así enervada[1]. Pero tampoco puede descartarse que su puesta en libertad respondiera a un simple acto de imperium del césar [2]. Desde luego, de lo que sí tenemos constancia es de que en torno al año 63 se encontraba en Hispania.

No es posible saber cuándo pudo nacer en Pablo la idea de llegar a Hispania, aunque no han faltado los que han especulado con la posibilidad de que fuera ya un sueño juvenil conectado con la afirmación del Salmo 72, 10 en la que se habla de cómo los reyes de Tarsis y de las islas llevarían su tributo al rey de Israel [3]. Como ya tuvimos ocasión de ver, pisamos terreno seguro sólo a partir de su afirmación en Romanos 15, 24 y 28 en la que anuncia su propósito de alcanzar Hispania. Semejante posibilidad quedó cerrada con su detención en Jerusalén y reclusión en Roma, pero volvió a abrirse con su puesta en libertad en el 63 d. de C.. De hecho, los testimonios al respecto son repetidos. El más antiguo, a unas tres décadas de los hechos, es el del romano Clemente que en su carta a los corintios c. 98 señalaba que Pablo había llegado al extremo de Occidente[4]. El texto no menciona literalmente Hispania, pero la expresión dysis (Occidente) para el mundo de la época era Hispania y el término terma (extremo) solía aplicarse al extremo del mundo que, por ejemplo, Filóstrato localizaba en Gades, la actual Cádiz.

El segundo testimonio de la venida de Pablo a España lo encontramos en el famoso Canon de Muratori del s. II. En esta importantísima fuente, al referirse a Lucas, señala que el libro de los Hechos de los apóstoles “relata al excelentísimo Teófilo lo que sucedió en su presencia, como queda evidentemente de manifiesto por el hecho de que pasa por alto la pasión de Pedro y el viaje de Pablo desde Roma a Hispania”. La noticia no deja de ser interesante en la medida en que pone de manifiesto que en el s. II en la comunidad cristiana de Roma la noticia del viaje paulino a Hispania estaba totalmente establecida e incluso había que explicar como un hecho tan importante no había sido relatado por Lucas en los Hechos.

Un testimonio similar encontramos en los Hechos de Pedro redactados a finales del s. II o inicios del s. III. En esta fuente se menciona el viaje de Pablo a Hispania en tres ocasiones. La primera es una referencia a la misión que Dios le entrega a Pablo para que se dirija a esa parte del imperio (1, 10); la segunda, cuando Pablo, al salir de Roma en dirección a Hispania, pide a los hermanos que oren por él (2, 25-29) y la tercera, mencionando el hecho de que Pablo no se encuentra en la capital del imperio porque está en Hispania (6, 26). A la altura del s. IV, las referencias a la estancia de Pablo en Hispania son ya muy frecuentes en las fuentes patrísticas.

Jerónimo menciona, por ejemplo, que Pablo realizó el viaje por mar[5], una noticia que parece plausible en la medida en que se hubiera tratado de un trayecto más corto. De hecho, existían líneas de armadores de Gades que unían esa ciudad hispana – la primera de Europa – con Puteoli y con el puerto romano de Ostia. Plinio el Viejo nos ha dejado la noticia [6] de cómo Gades podía comunicarse con Ostia en siete días de navegación y como el trayecto por mar desde Tarraco, la actual Tarragona, se reducía tan sólo a cuatro. Si, por el contrario y de manera bastante improbable, Pablo hubiera realizado el viaje por tierra, hubiera tenido que seguir la Via Augusta, dejando atrás Marsella, pasando por Perthus y continuando por el valle del Ampurdán por Figueras o la Junquera. En ese caso – insistamos que muy poco probable – su itinerario hubiera implicado el paso por Emporion (Ampurias), Geruna (Gerona) y Barcino (Barcelona) para desembocar también en Tarraco. La tradición de la visita paulina determinaría posteriormente que precisamente la sede tarraconense, a pesar de la primacía concedida históricamente a Toledo, haya sido considerada la primada de España.

Junto a los datos sobre una visita a la Hispania citerior, existen algunas tradiciones mucho menos seguras relativas a una estancia de Pablo en la Bética. Ciertamente, desde Tarragona la Via Augusta pasaba por Dertosa (Tortosa), Sagunto, Valencia, Saetabis (Játiva), Lucentium (Alicante) y Cartago Nova (Cartagena) para adentrarse luego en Basti (Baza) y Acci (Guadix) en dirección a Malaca, Carteia (Algeciras), Baelo y Gades. Sin embargo, las bases para conectar estos lugares con un viaje paulino son exiguas. El trayecto de Pablo por tierras hispanas fue, en cualquier caso, breve e iba a preceder el último viaje de Pablo, esta vez por Oriente.

CONTINUARÁ

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[1] En ese mismo sentido, W. M. Ramsay, “The Imprisonment and Supossed Trial of St. Paul in Rome”, Expositor, serie 8, 5, 1913, pp. 264 ss; K. Lake, “What was the End of St. Paul´s Trial?” en Interpreter 5, 1908-9, pp. 147 ss; H. J. Cadbury, “Roman Law and the Trial of Paul”, Beginnings of Christianity I, 5, pp. 297 ss.

[2] En ese sentido, A. N. Sherwin-White, Roman Society and Roman Law in the New Testament, p. 109.

[3] En ese sentido, por ejemplo, S. Muñoz Iglesias, Por las rutas de san Pablo, Madrid, 1987, p. 235.

[4] Ad Cor 5.

[5] De viris illustribus 5.

[6] Historia natural, XIX, 1, 3-4.







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