Ayudas y contribuciones
Funciona con Kickstarter Queridos amigos: como ustedes saben el programa La Voz se realiza con un equipo reducido – aunque me atrevo a decir que excelente e incluso inmejorable – con un director y alguno de los colaboradores que no han percibido un solo céntimo por su labor. El programa no cuenta con medio económico alguno y, de la manera más firme y consciente, no percibe ingresos por publicidad pública o privada.

Hoy comenzamos un nuevo crowdfunding con la misma empresa estadounidense con que lo realizamos el año pasado. La meta está en reunir la cantidad total de setenta mil dólares por la sencilla razón de que, a pesar de que son muy modestos los sueldos del personal, los gastos se han incrementado más que considerablemente. Otro año más, el director y alguno de sus colaboradores seguirán sin percibir pago alguno por su labor.

Como en otras ocasiones anteriores, nos limitamos a cumplir con nuestro deber, a esperar que la gente responsa y a confiar en Dios. Es nuestro deseo que a este crowdfunding contribuyan los que escuchan La Voz y consideran que merece la pena mantener un programa que es libre y veraz, entre otras razones, porque – insistimos en ello - no depende de publicidad privada e institucional. Con todo, si no hay gente suficiente que desee mantener abierta esa ventana a una información libre e independiente, lo aceptaremos. Los oyentes lo habrán decidido, cerraremos el programa y a nosotros nos quedará la satisfacción de haber perdido mucho dinero, pero, al menos, haber servido a los demás hasta donde pudimos. A continuación, nos dedicaremos a otras tareas en beneficio de nuestros congéneres. Hay mucho campo por trabajar y, con seguridad, no nos faltarán causas nobles a las que dedicarnos. En cualquiera de los casos, gracias adelantadas por lo que suceda.

Si desean colaborar para que este espacio de libertad y verdad pueda escucharse desde Groenlandia a la Tierra del fuego pueden conseguirlo haciendo click en los enlaces a continuación. Este año, por segunda vez, realizamos el crowdfunding via Kickstarter, el sistema más seguro disponible en Internet para recaudar fondos, que sólo se emplearán en los gastos derivados del programa La Voz. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!




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Memoria histórica de tv

13/06/2017
Publicado en Libros
Hasta mi exilio ha llegado en estos días un libro más que notable. Su título es Memoria histórica de un pionero de TVE (1962-2002) y su autor Francisco Sanz Navarro es uno de los escenógrafos más sobresalientes que ha dado España.

Confieso que recorrer sus páginas – cuajadas de magníficas fotografías – ha removido en mi interior multitud de sensaciones que han ido de la suave nostalgia al puro deleite. Sanz ha logrado entretejer junto con una experiencia personal que comenzó con la familia Corchea y los estudios televisivos del Paseo de la Habana, el relato histórico de una TVE que pasó de la más absoluta precariedad y la más acentuada improvisación a un nivel de calidad que nada tenía que envidiar a otras televisiones de Europa. Fue la época en que TVE no sólo no era deficitaria sino que, cada año, devolvía parte del presupuesto que recibía del gobierno por la sencilla razón de que no lo había gastado. No era sólo una cuestión económica. Nunca tuvo la televisión en España mejores realizadores, mejores intérpretes y mejores guionistas. Tampoco contó con una carga cultural mayor. Que la gente comentara al día siguiente en el metro el último Estudio 1 - como pasó con los Doce hombres sin piedad de Gustavo Pérez Puig – o que la conversación en el colegio girara en torno al último capítulo de El conde de Montecristo dice mucho de lo que era entonces la televisión y de lo que es ahora. Porque fútbol – no nos engañemos – había mucho menos y eso que se supone que la dictadura de Franco tenía especial interés en mantener entretenida a la masa. Ese mundo prodigioso ya es algo pasado. Con la llegada de los socialistas a TVE, los profesionales se vieron reducidos a estar mano sobre mano mientras las tareas del ente se externalizaban con jugosos beneficios para unos cuantos. No fue menor el desplome escandaloso del área cultural. Decía Jaime de Armiñán que aquella televisión, a pesar de sus enormes carencias, fue mucho mejor que la actual. No le faltaba razón. Quizá es que lo público se veía como tal y no como el camino para vaciar los presupuestos en beneficio de particulares. Ese mundo es el descrito de manera impecable, emotiva, exacta y necesaria en este libro de obligada lectura en una época en que tanto se miente sobre pasado, presente y futuro.







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