Ayudas y contribuciones
Funciona con Kickstarter Queridos amigos: como ustedes saben el programa La Voz se realiza con un equipo reducido – aunque me atrevo a decir que excelente e incluso inmejorable – con un director y alguno de los colaboradores que no han percibido un solo céntimo por su labor. El programa no cuenta con medio económico alguno y, de la manera más firme y consciente, no percibe ingresos por publicidad pública o privada.

Hoy comenzamos un nuevo crowdfunding con la misma empresa estadounidense con que lo realizamos el año pasado. La meta está en reunir la cantidad total de setenta mil dólares por la sencilla razón de que, a pesar de que son muy modestos los sueldos del personal, los gastos se han incrementado más que considerablemente. Otro año más, el director y alguno de sus colaboradores seguirán sin percibir pago alguno por su labor.

Como en otras ocasiones anteriores, nos limitamos a cumplir con nuestro deber, a esperar que la gente responsa y a confiar en Dios. Es nuestro deseo que a este crowdfunding contribuyan los que escuchan La Voz y consideran que merece la pena mantener un programa que es libre y veraz, entre otras razones, porque – insistimos en ello - no depende de publicidad privada e institucional. Con todo, si no hay gente suficiente que desee mantener abierta esa ventana a una información libre e independiente, lo aceptaremos. Los oyentes lo habrán decidido, cerraremos el programa y a nosotros nos quedará la satisfacción de haber perdido mucho dinero, pero, al menos, haber servido a los demás hasta donde pudimos. A continuación, nos dedicaremos a otras tareas en beneficio de nuestros congéneres. Hay mucho campo por trabajar y, con seguridad, no nos faltarán causas nobles a las que dedicarnos. En cualquiera de los casos, gracias adelantadas por lo que suceda.

Si desean colaborar para que este espacio de libertad y verdad pueda escucharse desde Groenlandia a la Tierra del fuego pueden conseguirlo haciendo click en los enlaces a continuación. Este año, por segunda vez, realizamos el crowdfunding via Kickstarter, el sistema más seguro disponible en Internet para recaudar fondos, que sólo se emplearán en los gastos derivados del programa La Voz. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!




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Matar a un ruiseñor

27/09/2013
Publicado en Meditación del día
Hace un par de años se realizó una encuesta entre los libreros de Estados Unidos para determinar cuál había sido la mejor novela del s. XX. Por abultada diferencia, se alzó con el galardón Matar a un ruiseñor, la única novela debida a Harper Lee, una amiga íntima de Truman Capote. Con unas ventas millonarias y una cadena de ininterrumpidas reediciones, la decisión debió sorprender a muy pocos.

​Matar a un ruiseñor constituye las supuestas memorias de una niña - que no pocos aseguran que es la autora – en torno a algunos veranos húmedos y cálidos en un pueblo de Atlanta y a unos hechos aparentemente sin trascendencia, pero que desembocarán en el proceso de un negro acusado de haber violado a una muchacha blanca. El resultado, sin embargo, es un relato terso, fresco, tierno, y, a la vez, profundamente humano. Con la inocencia que caracteriza los ojos de un niño asistimos a dramas como el racismo, la pobreza marginal, los prejuicios sociales y la enfermedad mental, pero también a virtudes como la dignidad, la decencia, la valentía y la justicia. Llevada al cine – proporcionó a Gregory Peck el único Oscar de su carrera – la novela ha sido objeto de ataques por parte de los blancos que consideran que la visión del Sur que proporciona es falsa y por parte de los negros que aseguran que sus páginas legitiman un racismo institucional. Lo cierto es que pocas veces se ha escrito un relato a la vez más típicamente sureño y más antirracista. Incluso se podría decir que es una novela cristiana porque su protagonista, el abogado viudo Atticus Finch – un trasunto del padre de la propia Harper Lee - es un fiel miembro de una iglesia evangélica del Bible Belt y sobre los principios de la Biblia educa a sus hijos. A pesar del transcurso del tiempo, el libro de Lee continua siendo una de las mejores novelas que se pueden disfrutar. Lo leí por primera vez siendo niño en una edición resumida del Reader´s Digest, luego lo volví a leer en una edición completa en español y, un verano, apuré el texto inglés que está dotado de una singular belleza. No descarto volver a leerla alguna vez más porque, de hecho, al pasar su última página, resulta inevitable sentir un regusto de nobleza y de bondad en el corazón. Se trata de esa sensación poco fácil de encontrar en la novelística actual, pero, sobre todo, es paralela a algo que la vida me ha enseñado, vez tras vez, a lo largo de las décadas. Esta existencia puede ser muy dura y también muy injusta. No pocas veces los inocentes son aniquilados de manera tan brutal e innecesaria como lo es la muerte de un ruiseñor que no hace daño a nadie. Sin embargo, no es menos cierto que siempre hay resquicio en esta para hacer el bien, para ser íntegro y para vivir de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio. Según mis cálculos, no creo que mi paso por la tierra vaya a alargarse más de tres décadas y, por supuesto, puede ser menor, pero durante ese tiempo, no ambiciono nada más – tampoco nada menos - que esa triple meta.







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