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La laminilla del óleo de la fe

18/09/2016
Publicado en Historia, Los primeros Cristianos
LOS PRIMEROS CRISTIANOS: LAS FUENTES ARQUEOLÓGICAS (III): Fuentes epigráfico-documentales (I): la laminilla del óleo de la fe

En enero de 1963, el p. Saller descubrió en la tienda del anticuario Baidun de Jerusalén una laminilla aramea de 60 por 24 mm, que, según este último, había sido hallada por varios beduinos cerca de Téqo’a, al sudeste de Belén, junto a varias lámparas «herodianas», es decir, del siglo I d. de C. Tras un examen de la laminilla, E. Testa recomendó su compra ya que el texto grabado en la misma parecía relacionarse con la práctica mencionada en Santiago 5, 14-15 y la escritura parecía ser anterior al 130 d. J.C.

Los estudios iniciales de Testa[1] provocaron una reacción de auténtico estupor en la comunidad científica, hasta que, tras cuatro años de trabajo, publicó los resultados finales de su investigación relacionada con la laminilla.[1] Testa abordó primero el análisis paleográfico del documento, que situó entre los años 70 y 80 d. J.C.[1] El análisis iba seguido por una traducción literal y otra libre de la laminilla. En ésta se contendría la descripción del rito de la unción con aceite mediante la cual un hombre espera obtener la sanidad de sus dolencias y el perdón de sus faltas. Con todo, tal interpretación no ha carecido de opositores. Quizá el más destacado haya sido J. T. Milik,[1] que propuso una lectura diversa del texto, concluyendo tras la misma que la laminilla no era sino un amuleto judeo-arameo de escaso interés, que podría datarse, aunque con dudas, en los siglos V-VI, sin excluir la Alta Edad Media. J. Starcky —que nunca tuvo acceso a la laminilla— se manifestó, en una recensión del libro de Testa, favorable a las tesis de Milik,[1] pero creemos que estas interpretaciones resultan inaceptables. Como pondría de manifiesto posteriormente Testa, existían indicios bastante fundamentados de que Milik había falseado la lectura del texto de la laminilla.[1] Desde luego, es totalmente cierto que Milik nunca la llegó a examinar personalmente. Por si esto fuera poco, Milik había obviado el peso de los textos paleográficos similares a los de la laminilla, así como el hecho de que ésta hubiera sido encontrada al lado de restos del siglo I. d. J.C.

Estudios posteriores sobre el tema han optado por una postura más distanciada admitiendo lo que el trabajo de Testa significa como contribución a los orígenes del judeo-cristianismo, pero discutiendo algunas de sus interpretaciones de carácter sacramental.[1]

El 14 de diciembre de 1968 en una conferencia pronunciada en la Casa Nova de Jerusalén, acompañada de la exposición de fotografías nuevas y más claras, Testa volvió a incidir en sus argumentos principales. Tras realizar[1] un análisis de la mencionada laminilla, nosotros proponemos como traducción del texto inscrito en la misma el siguiente:

1. Óleo de la fe (o de los fieles).

2. En su empuje, Qur’el

3. ha afirmado: «Yo

4. he profundizado tu fosa para tu caída».

5. Somételo al Nombre.

6. Mueve el hisopo

7. Sin recurrir al que sacrifica.

8. (Dos cruces y el Nombre IH)

9. (Dos coronas y tres kaf).

10. (Línea ondulada).

11. (Línea ondulada).

12. (Línea ondulada). (¿Dios?) Le ayudó a soportar la prueba.

13. La ceguera y la deuda del que carecía de sabiduría

14. fueron absueltas. Los golpeados serán liberados

15. cuando venga el Retoño (o la Vara).

16. con consolación.

17. ¡Shalom!

A nuestro juicio, aunque se puede considerar que algunas de las conclusiones teológicas de Testa (por ejemplo, es absolutamente inaceptable la identificación prácticamente automática del rito descrito en la laminilla con la extremaunción católica tridentina) resultan cuando menos dudosa y aunque admitamos que su traducción libre[1] peca de cierta imaginación, no resulta menos cierto que, en términos generales, se pueden aceptar muchas de sus posiciones como sustancialmente correctas y, desde luego, también su transcripción del texto.

De igual manera, nos parece claro que hay notables coincidencias entre el cuadro teológico que transmite la carta de Santiago y el reflejado en la laminilla, un extremo, a nuestro juicio, quizá no suficientemente agotado por Testa en sus trabajos. Estos puntos de contacto, de manera breve, podrían resumirse en los siguientes:

1. Utilización del aceite con fines de curación física y salud espiritual: laminilla y especialmente línea 1 y Santiago 5, 14 ys

2. Sustitución de la intervención de los sacerdotes levíticos («el que sacrifica») —según dispone la Torah— por la intervención de los presbíteros judeo-cristianos: línea 7 y Santiago 5, 14.

3. Creencia en que el rito de la unción unido a la oración de fe tiene una finalidad de curación física: línea 12 y Santiago 5, 15.

4. Creencia en que el rito de la unción unido a la oración de fe tiene como consecuencia el perdón de los pecados: líneas 13 y 14, y Santiago 5, 15-16.

5. Admisión de la prueba como un elemento que puede producirse en la vida del creyente, pero que no es atribuible a la acción de Dios: línea 2 y Santiago 1, 2- 17.[1]

6. Proyección de la liberación definitiva hacia el momento de la Venida del Mesías o Parusía: línea 14-16 y Santiago 5, 7-8.

7. Referencia al Shalom: línea 17 y Santiago 3, 18.

Todos estos elementos confirman a nuestro juicio las tesis de Testa y, como veremos en otra parte del presente estudio, encajan en el contenido de otras fuentes indubitadas del judeo-cristianismo.

CONTINUARÁ







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