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Fist

2018-02-07 08:15:00
Publicado en Lecturas – y películas – recomendables
La literatura dedicada a narrar las peripecias de los sindicatos ha estado siempre infectada por el signo del panfleto más burdo.

Por supuesto, existen excepciones como el Germinal – quizá porque su autor no creía en nada y pensaba que los pobres oprimidos iban a tener que sufrir tanto por parte de los explotadores como por parte de los dirigentes obreros – pero no pasan de ser eso, excepciones. FISTde Joe Szterhas constituye, sin embargo, un acercamiento novelístico de primer orden a la actividad de un sindicalista. Desde sus primeros días de liberado a su encumbramiento como dirigente, Johnny Kovak es un inmigrante de origen eslavo que se abre paso a puñetazos en la época difícil de la Depresión. Harto de las condiciones laborales que tiene que sufrir, se une de buena gana a un sindicato de transportistas, el FIST – un juego de palabra porque las siglas son el término para puño en inglés - pero no tarda en descubrir que el juego sucio facilita enormemente su labor. En poco tiempo, Kovak comienza a recibir el respaldo de la mafia y a convertirse en un personaje esencial en procesos electorales para apoyar a uno u otro candidato. Irá subiendo así peldaño tras peldaño hasta llegar al dramático final. En los años setenta, la novela de Szterhas se convirtió en una película notable protagonizada nada más y nada menos que por Stallone que estaba más que convincente en el que quizá fuera el mejor papel de su carrera. Se ha dicho que la historia de Kovak no es más que un mero trasunto de la de Jimmy Hoffa, el que fuera todopoderoso secretario general de los camioneros en Estados Unidos, hasta que un día desapareció sin dejar rastro quizá porque sabía demasiado. Es más que posible, pero lo que conmueve de la novela cada vez que uno regresa a sus páginas, es la descripción tersa y exacta de esa enorme capacidad que tiene el ser humano para pervertir las causas más nobles, quizá sin darse cuenta, quizá poco a poco, quizá hasta movido por las mejores intenciones, pero, por regla general, de manera irreversible.







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