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El mito Churchill

01/03/2018
Publicado en Historia
En los últimos meses, se han estrenado varias películas encargadas de difundir el mito Churchill. Sus puntos esenciales son de sobra conocidos: la tenacidad del premier británico frente a Hitler salvó a Gran Bretaña y a Europa de la tiranía nazi abriendo la puerta a un mundo mejor.

Durante años, he sido un fiel creyente de ese mito e incluso, modestamente, he ayudado a difundirlo. Sin embargo, a estas alturas, abrigo serias dudas sobre su veracidad. Entiéndaseme, Churchill fue un extraordinario orador, un magnífico escritor – su Nobel en literatura resultó merecido – y un personaje de testarudez admirable, pero… Empecemos por la supervivencia del imperio británico. Churchill la hubiera deseado, pero fue su política de negarse a pactar con Hitler – como pretendían entre otros el Duque de Windsor o Lord Halifax sabedores de que el Führer permitiría su existencia futura sólo por defender a la raza blanca – la que colocó a Gran Bretaña en una situación que la llevó a perder el imperio convirtiéndola en una potencia de segundo orden. En términos imperiales, Churchill fue la desgracia que no hubiera querido ser. No mucho mejor fue el destino de Europa. Sí, ciertamente, Hitler fue derrotado y Alemania humillada una vez más, pero, a cambio, las dictaduras comunistas cubrieron el este de Europa empeorando la situación de naciones como Hungría, Bulgaria o Rumanía. Es verdad, la suerte de Polonia fue algo mejor que bajo el III Reich, pero no transcurrió bajo una democracia. En cuanto a Europa occidental conoció la implantación de sistemas democráticos – no en la Península Ibérica, desde luego – pero pasó a ser un protectorado de los Estados Unidos, carente de política exterior y de relevancia en el mundo posterior. A pesar del euro, de la Unión Europea y de Bruselas, ni Francia, ni Alemania ni Gran Bretaña volverán a ser lo que fueron. No hablemos de España, Holanda o Portugal. Internacionalmente, son simples estados clientes de Washington, víctimas de políticas dañinas como un enfrentamiento absurdo con Rusia, la imposición de la ideología de género y la aceptación de millones de musulmanes en su territorio. Ni siquiera la suerte de los judíos resultó mejor. Las infames leyes nazis pretendieron sólo expulsarlos de territorio alemán hasta 1940. Si Gran Bretaña hubiera pactado con Hitler en 1940, hubieron sido despojados y expulsados, pero no hubieran muerto por millones. Eso sí, a ellos les queda el consuelo de que, finalmente, los vencedores, incluida la URSS, impusieron la creación del estado de Israel. Todo ello sin contar los más de cincuenta millones de muertos de la guerra, los horribles crímenes de guerra cometidos por ambos bandos - a los que Churchill no fue ajeno - o las medidas de sometimiento de la India que convierten a Churchill en responsable de la muerte de más indios de los judíos que exterminó Hitler. Ciertamente, es para pensarse el mito.







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