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El maestro de los cinco sauces

09/08/2017
Publicado en Lecturas – y películas – recomendables
La literatura china es muy poco conocida. Alguno me dirá que si en España no se lee a Cervantes tampoco debería extrañarnos.

Es cierto, pero teniendo en cuenta la relevancia que tiene China no deja de llamar la atención la ignorancia tan rampante y el desprecio tan descarado que existe hacia su cultura. Machado decía que Castilla “desprecia cuanto ignora”. Fue injusto. En general, España – y no sólo España – suele despreciar lo que ignora en lugar de intentar entenderlo. Al parecer con repetir unos mantras aprendidos y no reflexionados basta. Si eso pasa con zonas del mundo cercano como es Hispanoamérica – es increíble la cantidad de disparates que, en un sentido u otro, pueden proferir los españoles sobre las antiguas Indias – tampoco es para tener muchas esperanzas en lo que se relaciona con Extremo Oriente. Por eso, hoy quisiera dejarles con un texto que, desde mi punto de vista, recoge no poco del alma china y, en realidad, de la universal. De hecho, partiendo de una experiencia totalmente subjetiva toca algunos temas de alcance eterno. Se trata además de un libro de poesía.

La poesía china es excepcional y cuando en España apenas comenzaba a balbucir, los poetas extraordinarios ya se sumaban en la Historia del Reino del Centro. Me voy a permitir recomendarles una obra en especial. Se trata de El maestro de los cinco sauces de Tao Yuanming. El poeta en cuestión vivió entre el 365 y el 427 de nuestra Era. Durante un tiempo, sirvió en la corte, pero, al cabo de un tiempo, encontró irrespirable la atmósfera de las cercanías del poder y decidió retirarse a su pedazo de terreno, un terruño en el que había cinco sauces que dan título a su libro.

No es poco lo que en Tao Yuanming nos recuerda a Horacio y a fray Luis de León que tanto se inspiró en el autor latino. En sus páginas, se encuentra la desilusión por las realidades del gobierno, el deseo de encontrar un lugar donde estar a resguardo de la maldad humana tan innecesaria y tan innegable y las frustraciones de la vida personal, pero también aparece el disfrute de un paseo por el campo, el placer derivado de una copa de vino o la alegría de ver crecer aquello que se ha plantado con las propias manos.

Tao Yuanming es conmovedor en no pocos de sus versos no sólo porque relata de la condición humana sino también por el deseo de disfrutar de esos momentos hermosos que proporciona incluso la existencia más dura. Recuerda acá y allá al libro bíblico de Eclesiastés, pero sufre de una diferencia esencial. Si el autor de Eclesiastés sabía al final de su obra levantarse por encima de lo que hay “debajo del sol” y recordar que un día compareceremos ante Dios, Tao Yuanming sólo se encuentra con un gran interrogante, ese interrogante que todos debemos responder para que nuestra vida tenga sentido.







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