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Crying in the Chapel

15/02/2014
Publicado en Música, Meditación del día
​Realmente, la vida discurre en ocasiones de maneras bien peculiares. Lo que parece motivo de dicha acaba revelándose como causa de sufrimiento y, por el contrario, lo que veíamos como una desgracia inmensa se acaba revelando como clave para nuestra dicha.

Desde luego, fue el caso de aquel compositor que llevaba sufriendo un dolor inmenso en la espalda y al que notificaron que tendría que someterse a una operación de columna. Las horas de padecimiento sumadas a la perspectiva de pasar por el quirófano para atravesar por una intervención incierta lo llevaron a recordar que existía Dios. No sólo eso. Antes de entrar en la sala de operaciones, se prometió que se acercaría al Señor si, efectivamente, sobrevivía. Y así aconteció. Un día de domingo, acudió a una pequeña iglesia evangélica y, al entrar en ella, las mejillas del artista se llenaron de lágrimas. De manera casi instantánea, la letra y la música de una canción comenzaron a fluir por su mente. El artista se llamaba Artie Glenn y la canción se titularía Crying in the Chapel, es decir, Llorando en la capilla. Su viuda lo seguiría contando conmovida muchos años después, pero regresemos al momento en que la melodía fue plasmada sobre la partitura.

Todo sucedía a mediados de los años sesenta, cuando la carrera de Elvis Presley estaba en dique seco. La denominada invasión británica lo había colocado, como a tantos otros, fuera de la lista de éxitos. Sin embargo, su manager escuchó la canción y llegó a la conclusión de que podría servir para relanzar a Elvis. No se equivocó lo más mínimo. La melodía era tan hermosa y la letra tan sencilla y conmovedora que la trayectoria de Elvis no sólo volvió a despegar sino que, por añadidura, lo consagró como lo que él siempre había querido ser: un cantante de música Gospel.

Curiosamente, la canción nunca fue traducida al español para servir en los cultos de las iglesias evangélicas. Hubo versiones al español, sí, pero ni en España ni en Hispanoamérica lograron llegar a la altura del original y lo convirtieron en una tontorrona canción sentimental destrozando la fuerza del tema escrito por Artie Glenn. Así que hoy tendremos que nos conformarnos sólo con Elvis Presley. Bueno, bien mirado, no creo que haya muchos que lo lamenten.

Una última cuestión. No hay dos sin tres. Si Dios escuchó a Glenn y se compadeció de la carrera de Presley, también escuchará a cualquiera de ustedes que pueda estar pasando ahora por un mal momento. ¿Por qué no hace la prueba y se dirige al Señor para abrirle su corazón y suplicarle que lo alivie en su dolor? Puede que acabe llorando, pero, a buen seguro, no se arrepentirá. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!







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