Ayudas y contribuciones
Funciona con Kickstarter Queridos amigos: como ustedes saben el programa La Voz se realiza con un equipo reducido – aunque me atrevo a decir que excelente e incluso inmejorable – con un director y alguno de los colaboradores que no han percibido un solo céntimo por su labor. El programa no cuenta con medio económico alguno y, de la manera más firme y consciente, no percibe ingresos por publicidad pública o privada.

Hoy comenzamos un nuevo crowdfunding con la misma empresa estadounidense con que lo realizamos el año pasado. La meta está en reunir la cantidad total de setenta mil dólares por la sencilla razón de que, a pesar de que son muy modestos los sueldos del personal, los gastos se han incrementado más que considerablemente. Otro año más, el director y alguno de sus colaboradores seguirán sin percibir pago alguno por su labor.

Como en otras ocasiones anteriores, nos limitamos a cumplir con nuestro deber, a esperar que la gente responsa y a confiar en Dios. Es nuestro deseo que a este crowdfunding contribuyan los que escuchan La Voz y consideran que merece la pena mantener un programa que es libre y veraz, entre otras razones, porque – insistimos en ello - no depende de publicidad privada e institucional. Con todo, si no hay gente suficiente que desee mantener abierta esa ventana a una información libre e independiente, lo aceptaremos. Los oyentes lo habrán decidido, cerraremos el programa y a nosotros nos quedará la satisfacción de haber perdido mucho dinero, pero, al menos, haber servido a los demás hasta donde pudimos. A continuación, nos dedicaremos a otras tareas en beneficio de nuestros congéneres. Hay mucho campo por trabajar y, con seguridad, no nos faltarán causas nobles a las que dedicarnos. En cualquiera de los casos, gracias adelantadas por lo que suceda.

Si desean colaborar para que este espacio de libertad y verdad pueda escucharse desde Groenlandia a la Tierra del fuego pueden conseguirlo haciendo click en los enlaces a continuación. Este año, por segunda vez, realizamos el crowdfunding via Kickstarter, el sistema más seguro disponible en Internet para recaudar fondos, que sólo se emplearán en los gastos derivados del programa La Voz. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!




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Cien años del triunfo bolchevique (II)

20/11/2017
Publicado en Historia
En la última entrega me referí a algunas de las características de la revolución bolchevique, características que se exportaron en 1937 a España, después de 1946 a Europa oriental y Asia y tras 1958, a Hispanoamérica.

Desearía dedicar esta entrega a reflexionar sobre un tema no pocas veces eludido, el de las fuerzas y los intereses que actuaron en la revolución rusa. En apariencia, se trató de un asunto interno ruso, librado por rusos y resuelto por rusos. La realidad fue muy diferente. De entrada, tanto el imperio alemán como Wall Street tuvieron un papel extraordinario en el desarrollo de la revolución. Es más que dudoso que el resultado hubiera sido el que aconteció al final sin esas intervenciones extranjeras. Lenin y Trotsky no hubieran pisado, desde luego, suelo ruso sin ese apoyo directo y consciente. Las metas de esa acción resultaban obvias aunque hayan quedado opacadas por el relato sobre la creación del primer estado socialista.

Alemania esperaba despedazar a Rusia convirtiendo en estados satélites sus regiones periféricas y reduciéndola a potencia de segundo o tercer orden. Para ello, creó prácticamente de la nada un nacionalismo ucraniano escandalosamente minoritario en la convicción de que esa Ucrania independiente y sin precedentes históricos sería un instrumento servil para sus fines. Por su parte, Wall Street esperaba que Trotsky allanaría el camino hacia las riquezas rusas. Sin entrar en detalles, cabe decir que los planes de unos y otros se vieron abortados. Sin embargo, los paralelos con lo sucedido después del desplome de la URSS son demasiado obvios como para pasarlos por alto. La URSS, como el imperio ruso, se vio sometida a un plan de desintegración, alentado por potencias extranjeras, que se ha traducido en el avance de la NATO y la creación de una serie de naciones artificiales que la cercan. El fenómeno de las denominadas “revoluciones de colores” no es, a fin de cuentas, más que un conjunto de intervenciones extranjeras que, respaldando a minorías nacionalistas no pocas veces corruptas, pretenden evitar que Rusia vuelva a alcanzar el grado de gran potencia. Ese fenómeno de desmembramiento se desarrolló en sus inicios en paralelo con un saqueo despiadado de las riquezas naturales acontecido en la época de Yeltsin. Ese episodio terrible que costó la vida a millones de rusos y que ha sido denominado no sin razón “la violación de Rusia” es pasado por alto en Occidente a pesar de que explica por si mismo no sólo la llegada al poder de Vladimir Putin sino también su elevadísimo índice de popularidad. A fin de cuentas, los movimientos revolucionarios que pretenden derribar el estado no arrancan siempre de impulsos populares sino más bien de minorías respaldadas por potencias extranjeras que cuentan con su propia agenda. Es más que posible que acabemos lamentando esas intervenciones de la misma manera que el género humano tuvo que lamentar la acción de los banqueros que apoyaron a Trotsky o la de los agentes del kaiser que respaldaron a Lenin. Como en el caso de la imposición de la dictadura ideológica no da la sensación de que se hayan aprendido lecciones esenciales para defender la libertad. Por el contrario, da la sensación de que no nos hartamos de reincidir en graves errores. No es mal motivo de reflexión porque debemos reconocer que, si bien se piensa, no son pocas las lecciones que podemos extraer a un siglo de distancia de la revolución bolchevique.







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