Ayudas y contribuciones
Funciona con Kickstarter Queridos amigos: como ustedes saben el programa La Voz se realiza con un equipo reducido – aunque me atrevo a decir que excelente e incluso inmejorable – con un director y alguno de los colaboradores que no han percibido un solo céntimo por su labor. El programa no cuenta con medio económico alguno y, de la manera más firme y consciente, no percibe ingresos por publicidad pública o privada.

Hoy comenzamos un nuevo crowdfunding con la misma empresa estadounidense con que lo realizamos el año pasado. La meta está en reunir la cantidad total de setenta mil dólares por la sencilla razón de que, a pesar de que son muy modestos los sueldos del personal, los gastos se han incrementado más que considerablemente. Otro año más, el director y alguno de sus colaboradores seguirán sin percibir pago alguno por su labor.

Como en otras ocasiones anteriores, nos limitamos a cumplir con nuestro deber, a esperar que la gente responsa y a confiar en Dios. Es nuestro deseo que a este crowdfunding contribuyan los que escuchan La Voz y consideran que merece la pena mantener un programa que es libre y veraz, entre otras razones, porque – insistimos en ello - no depende de publicidad privada e institucional. Con todo, si no hay gente suficiente que desee mantener abierta esa ventana a una información libre e independiente, lo aceptaremos. Los oyentes lo habrán decidido, cerraremos el programa y a nosotros nos quedará la satisfacción de haber perdido mucho dinero, pero, al menos, haber servido a los demás hasta donde pudimos. A continuación, nos dedicaremos a otras tareas en beneficio de nuestros congéneres. Hay mucho campo por trabajar y, con seguridad, no nos faltarán causas nobles a las que dedicarnos. En cualquiera de los casos, gracias adelantadas por lo que suceda.

Si desean colaborar para que este espacio de libertad y verdad pueda escucharse desde Groenlandia a la Tierra del fuego pueden conseguirlo haciendo click en los enlaces a continuación. Este año, por segunda vez, realizamos el crowdfunding via Kickstarter, el sistema más seguro disponible en Internet para recaudar fondos, que sólo se emplearán en los gastos derivados del programa La Voz. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!




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Calígula en España

14/03/2018
Publicado en Lecturas – y películas – recomendables
Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me enfrenté con el Calígula de Albert Camus. Fue en uno de aquellos Estudio-1 que hicieron más por la cultura de los españoles que todos los ministerios de ese jaez que han gastado el dinero de los contribuyentes durante los últimos cuarenta años.

El protagonista era José María Rodero y, bajo la dirección de Jaime Azpilicueta, le daban la réplica Elvira Quintillá y Manuel Galiana. Han pasado cerca de cuarenta años y casi me parece contemplar a un sombrío Rodero de manieristas rizos encarnando al emperador que desgranaba el discurso existencialista de Camus. Porque, basado en el Calígula de la Historia – un emperador empeñado en introducir en Roma el culto egipcio identificándose con él – han surgido no pocos Calígulas literarios. El de Camus es un hombre inicialmente bueno que desea el bien para sus súbditos y, a la vez, la felicidad. Ese deseo será el inicio de su tragedia porque, al mismo tiempo, Calígula es egoísta. Desea el amor, pero no captará hasta muy tarde que el verdadero implica aceptar el envejecer al lado de aquel a quien se ama. Desea la felicidad, pero opta por la de los déspotas. Desea la inmortalidad, pero acaba provocando un golpe de estado que concluirá con su apuñalamiento. Calígula es así un símbolo del ser humano que intenta superarse hasta el máximo y que, con ello, tan sólo consigue precipitarse en el abismo tras comprender amargamente que no existen inocentes. Es más que posible que Camus – que vivió la Segunda guerra mundial con sus circunstancias de colaboración pronta y tardía resistencia frente a los invasores alemanes – estuviera también más que convencido de la ausencia de inocencia y de la futilidad de los esfuerzos humanos. Sin embargo, ese pesimismo no le apartó de tomar posición durante la guerra de Argelia o de afirmar que prefería a su madre a cualquier patria anteponiendo los afectos humanos a los políticos. Quizá, Camus ya no creía en la inocencia, pero se aferró a la idea de que la decencia era posible y hasta obligada incluso en un mundo tan impregnado de negro pesimismo como el suyo.







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