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Aristide, un artista, un descubrimiento

06/10/2017
Publicado en Actualidad
La vida te depara sorpresas y muchas veces, a pesar del estado zarrapastroso en que se encuentra sumida Cataluña, son gratas. Es el caso de uno de los episodios que viví el fin de semana pasado.

Unos meses antes, Juan Manuel Cao en cuyo extraordinario programa El espejo suelo recalar todas las semanas, me anunció que un conocido dibujante había enviado una caricatura cuyo protagonista era yo. A mi la caricatura me pareció divertida y en el mismo programa señalé que me gustaría contar con una copia. Cuál no sería mi alegría cuando el autor – el más que conocido Aristide – se puso en contacto conmigo y se ofreció a regalármela.

Durante semanas tuvimos que retrasar el encuentro. Debo decir que por mi culpa porque viajo mucho y encontrar un hueco entre viaje y viaje ocupándome además del programa diario de radio, de la aparición en medios y de lo que escribo no resulta tarea fácil. Finalmente, acordamos la cita para el sábado de la semana pasada. Coincidía con la visita con la que me honraba la presidenta de una universidad del sur de Estados Unidos que deseaba ofrecerme la posibilidad de dar algunos cursos en su institución. Con cierto atrevimiento, le comuniqué tanto a ella como a Aristide que nos reuniríamos todos.

El punto de encuentro fue el Versalles. Para los que no conozcan Miami quizá la referencia no significará mucho, para los que han pasado en serio por esta ciudad saben que no desmerece en relevancia al Café Gijón o a Lhardy en Madrid. Punto de encuentro del exilio cubano no es menos lugar de disfrute porque su café es de lo mejor que se puede encontrar al sur de la Florida y sus desayunos, croquetas, empanadas, bocadillos y repostería lo empujan a uno a recordar la España de la que se acuerda a diario. Si algún día acabaran incluyendo en su variada oferta los churros sería como verse transportado al Elíseo.

Allí llegué yo acompañado de mi amiga Misty Grant y allí esperamos unos minutos antes de que en la puerta se recortaran las siluetas de Aristide y de su mujer Rebeca Ulloa. Existía el problema no pequeño de que Misty no conoce el español, pero estoy convencido de que entre los movimientos de manos y de ojos de Aristide y lo que yo le traducía resumiendo lo esencial se enteró de casi todo.

Aristide me trajo mi caricatura. Estaba enmarcada, justo para colocarla en una estantería o encima de mi mesa de despacho. Me ofrecí a pagársela porque aborrezco que la gente trabaje gratis. Aristide se negó en redondo con unos gestos profundamente cubanos, pero que a mi me parecen hondamente españoles. Insistió en que para él era un verdadero placer obsequiármela. Se lo agradezco de todo corazón.

La historia de Aristide daría para una novela. Conoció personalmente a Chumi Chumez y a Gila, a Mingote y a tantos otros grandes del humor gráfico español. Tuvo un enorme éxito en la Cuba de la revolución hasta que se le ocurrió hacer un chiste – bastante inocente, dicho sea de paso – con el infalible comandante. El resultado fue que durante siete años no pudo ejercer su profesión. Para ganarse la vida, pasó por una fábrica, por una granja, por… No les encojo el alma contándolo, pero ya sé que muchos de ustedes se estarán diciendo que ni que viviera en Cataluña sin someterse al nacionalismo catalán o incluso en España según el trabajo al que te dediques. Hay diferencias, sin embargo. En España, es cierto que te pueden enviar a la inspección de Hacienda para que te quiebre, pero siempre queda la posibilidad de marcharse, algo más que difícil en Cuba. En España, también pueden dejarte sin trabajo si se empeñan en ello, pero, de nuevo, cabe la posibilidad del exilio. Más complicado resulta en España que te envíen a la cárcel – lo cual es una gran ventaja sobre el régimen cubano – y se pone muy cuesta arriba que te maten. No es imposible, lamentablemente, pero resulta mucho más complicado que bajo la dictadura castrista. Por otro lado, en España la miseria es algo excepcional mientras que en Cuba resulta trágicamente habitual.

Pero volvamos a lo nuestro. A Aristide lo tuvieron años sin publicar y, casi de repente, volvieron a permitir que regresara a su profesión. Quizá pensaron que había aprendido la lección y podía respirar. A veces pasa. Personalmente, yo creo que no olvidaré jamás esa reunión de editores en el que una erinia afirmó que “César Vidal no va a publicar un libro más en España hasta que aprenda la lección”. Dado que por esa fecha un conocido cardenal me había definido como “el más peligroso” (¿por qué y para quién?) las piezas comenzaban a encajar y ahí siguen encajadas sin dejar pasar una página. A Aristide lo restauraron en la gracia del régimen, pero ya no era igual.

El problema es que, al final, un artista sin libertad acaba sintiéndose como un pez sin agua. Simplemente, se ahoga. Aristide logró abandonar la cárcel caribeña en que se convirtió Cuba hace décadas y llegó, como millones, a los Estados Unidos.

- Cuando yo lo vi en el programa de Cao me dije: este español es todo un personaje – me dijo con una sonrisa que descorría su barba blanca y tupida. Misty asintió a la veracidad del aserto cuando se lo traduje. Ciertamente, da gusto estar con amigos que te quieren.

Charlamos durante horas de no poco de lo humano aunque escasamente de lo divino. Rebeca terciaba con comentarios atinados y de enjundia. Se la veía mujer culta y sabia. Yo sufría por Misty porque había realizado un viaje muy largo para encontrarse conmigo y allí la tenía yo sometida a ese diálogos entre españoles del Caribe y de la meseta. Misty demostró que es un ángel de exquisita educación y envidiable paciencia.

Muy a mi pesar me despido de Aristide y de Rebeca aunque nos comprometemos a volver a encontrarnos. Así será, Dios mediante, en el Versalles o en otro lugar de esta maravillosa ciudad.







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