Ayudas y contribuciones
Funciona con Kickstarter Queridos amigos: como ustedes saben el programa La Voz se realiza con un equipo reducido – aunque me atrevo a decir que excelente e incluso inmejorable – con un director y alguno de los colaboradores que no han percibido un solo céntimo por su labor. El programa no cuenta con medio económico alguno y, de la manera más firme y consciente, no percibe ingresos por publicidad pública o privada.

Hoy comenzamos un nuevo crowdfunding con la misma empresa estadounidense con que lo realizamos el año pasado. La meta está en reunir la cantidad total de setenta mil dólares por la sencilla razón de que, a pesar de que son muy modestos los sueldos del personal, los gastos se han incrementado más que considerablemente. Otro año más, el director y alguno de sus colaboradores seguirán sin percibir pago alguno por su labor.

Como en otras ocasiones anteriores, nos limitamos a cumplir con nuestro deber, a esperar que la gente responsa y a confiar en Dios. Es nuestro deseo que a este crowdfunding contribuyan los que escuchan La Voz y consideran que merece la pena mantener un programa que es libre y veraz, entre otras razones, porque – insistimos en ello - no depende de publicidad privada e institucional. Con todo, si no hay gente suficiente que desee mantener abierta esa ventana a una información libre e independiente, lo aceptaremos. Los oyentes lo habrán decidido, cerraremos el programa y a nosotros nos quedará la satisfacción de haber perdido mucho dinero, pero, al menos, haber servido a los demás hasta donde pudimos. A continuación, nos dedicaremos a otras tareas en beneficio de nuestros congéneres. Hay mucho campo por trabajar y, con seguridad, no nos faltarán causas nobles a las que dedicarnos. En cualquiera de los casos, gracias adelantadas por lo que suceda.

Si desean colaborar para que este espacio de libertad y verdad pueda escucharse desde Groenlandia a la Tierra del fuego pueden conseguirlo haciendo click en los enlaces a continuación. Este año, por segunda vez, realizamos el crowdfunding via Kickstarter, el sistema más seguro disponible en Internet para recaudar fondos, que sólo se emplearán en los gastos derivados del programa La Voz. God bless ya!!! ¡¡¡Que Dios los bendiga!!!




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Agamenón

21/02/2018
Publicado en Lecturas – y películas – recomendables
Descubrí el teatro griego – y a nadie le parecerá novedad que lo diga – gracias a Estudio 1. Fue una obra de Eurípides la que me introdujo en el mundo de la tragedia y desde entonces no he dejado de transitarlo.

Eurípides – del que hablaré otro día – representaba ya un género de tragedia más evolucionado y, en apariencia, más cercano al teatro clásico posterior por lo que no tenía mayor relevancia que me hubiera atraído. Sin embargo, descubrí también por aquel entonces – los once o doce años – que también Sófocles y Esquilo despertaban en mi unas sensaciones extraordinariamente poderosas. Cualquiera que se acerque hoy al Agamenón de Esquilo podrá descubrir algunas de las razones. En Agamenón, los grandes personajes se mueven con una contemporaneidad que nos sobrepasa tanto si se trata del insensible héroe que da nombre a la tragedia como de esa sobrecogedora Casandra que puede ver el futuro con nitidez, pero sujeta a la maldición de que nadie crea sus vaticinios. Sé que algunos alegarán que la presencia del coro en la tragedia resulta anacrónica y aburrida. Nada más lejos de la realidad.

La verdad es que el coro nos arrastra hacia una profundidad psicológica que intentaron alcanzar sin conseguirla desde los escritos psicoanalíticos de Freud a la corriente subconsciente de Joyce pasando por los recursos más diversos del teatro del siglo XX. En Agamenón, el mortal se contempla en el espejo donde se reflejan la ambición y la fiereza, el resentimiento y la venganza, el amor y la justicia, la condición humana y la divina. Se trata de realidades que siguen tan vivas hoy en día como en la época de Esquilo y que explican porqué en el santuario de Apolo un epitafio advertía que había que conocerse a si misma. La inscripción no indicaba – como piensan muchos – que en nuestro interior se halla una verdad que nos ha sido dado descubrir, sino más bien que, conociéndonos, podemos aprender que somos mortales y no dioses y así comportarnos con sensatez. Ése es el gran mensaje de la tragedia griega en la que se fusionan el mundo espiritual y el material. Ése es también el gran mensaje del Agamenón de Esquilo.







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