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Adios Germán

18/05/2017
Publicado en Actualidad
Me levanto frente a la costa del Pacífico y en internet me topo con la noticia de la muerte de Germán Yanke. El pujo de pesar ha sido inevitable.

Conocí a Germán a finales del siglo pasado cuando Federico Jiménez Losantos me fichó para la tertulia de La linterna. Germán llevaba – y muy bien – la revista de prensa y coincidía con él dos noches a la semana. Era un hombre elegante, bon vivant – lucía, por ejemplo, bordadas sus iniciales en las camisas – culto, inteligente y liberal. Había enseñado en varias universidades de Estados Unidos y tenía un conocimiento más que notable de la poesía contemporánea. De hecho, mientras que yo tenía una sección de libros de Historia y otra de literatura infantil y juvenil, Germán llevaba una de poesía ciertamente notable. Puedo asegurar que se podía estar o no de acuerdo con sus opiniones, pero, por regla general, las exponía con lógica y moderación o, como él decía, “el hecho de que usted grite más que yo no significa que tenga más razón”. En esa época, se le relacionaba continuamente con el Opus aunque confieso que me quedé pasmado al saberlo porque no tengo la sensación de que su vida fuera especialmente católica. Las apariencias, obviamente, engañan.

De manera bastante razonable, cuando Federico tomaba las vacaciones, Germán lo sustituía a la vez que iba asumiendo responsabilidades periodísticas cada vez mayores como la dirección de la revista Época. Había gente que se quejaba de que Germán era aburrido, pero yo creo que, simplemente, su acercamiento a las noticias no tenía la chispa que por aquel entonces tenía Federico.

Allá por el año 2004, la cadena COPE buscó un nuevo director para La linterna y Federico Jiménez Losantos me comunicó que yo era la persona adecuada. No pensaba yo lo mismo y propuse a Federico media docena de nombres para que asumieran esa labor. El primero, por cierto, fue el de Germán Yanke. La respuesta enigmática y contundente de Federico fue: “No, Germán tuvo su oportunidad y la dejó escapar”. Nunca supe cuál fue esa oportunidad perdida y, al final, acabé aceptando la dirección del programa nocturno por sentido del deber ya que implicaba renunciar a planes muy queridos para los años siguientes. Sin duda, la vida de Germán y la mía cambiaron en aquel momento de manera paralela. Un par de años después, Germán me invitó al Diario nocturno de Telemadrid para entrevistarme en relación con uno de mis libros. Cuando me interrogó sobre la marcha de La linterna, le conté que yo le había propuesto como director. Sonriendo, Germán me dijo: “Yo hice lo mismo contigo para este programa”. Si era verdad o se trataba tan sólo de una muestra de esa cortesía vasco-judía que lo adornaba es algo que no soy capaz de colegir. Luego la vida nos distanció. Ocasionalmente, me llegaban noticias suyas e incluso una sobrina suya, Rebeca, fue alumna mía en el master de periodismo de El Mundo. Era una chica trabajadora y voluntariosa que, un día, tras pasar uno de mis exámenes me dijo: “Si ya sabemos que no sabemos nada. Ya lo sabemos”. No era poca confesión para una muchacha que ya era licenciada y tenía un expediente muy por encima de la media. Ocasionalmente, le daba recuerdos para su tío al que yo seguía apreciando.

Ya en el exilio transatlántico, supe que Germán había sufrido un infarto cerebral aunque había salvado la vida. Ahora me entero de que ya no está entre nosotros. Lo recuerdo con profundo afecto. Descanse en paz.







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