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1984 de George Orwell

06/12/2017
Publicado en Lecturas – y películas – recomendables
Educado para ser un funcionario del imperio británico, Eric Blair no tardó en sentirse totalmente desilusionado de lo que contempló más como un conjunto de torpezas enredadas con despotismo que como el desempeño de la noble carga del hombre blanco.

Poco a poco, se fue convirtiendo en un marxista convencido aunque, eso sí, totalmente desconfiado hacia la URSS. Fue entonces cuando decidió venir a España a combatir por la revolución y contra el fascismo. No se integró en las Brigadas internacionales porque sabía que eran un simple tentáculo de Stalin, pero sí se alistó en una milicia del POUM, un pequeño partido comunista independiente del Kremlim. Lo que descubrió entonces alteró totalmente el rumbo que hasta ese momento había seguido su existencia. Para horror suyo, pudo comprobar que la zona del Frente popular no era sino un satélite de la política de Stalin y que los asesinatos no sólo se perpetraban en la persona de clérigos o conservadores, sino también en la de los izquierdistas que no estaban dispuestos a someterse a Moscú.

Atrapado en la Cataluña donde los comunistas lograron acabar con el POUM físicamente y con la CNT políticamente, Blair estuvo a punto de pagar con la vida el toparse con aquella realidad. Una vez de regreso a Gran Bretaña y ya utilizando el pseudónimo de George Orwell, redactó dos de las novelas más extraordinarias del s. XX.

En 1984, describía un mundo futuro que, finalmente, había quedado sometido al socialismo con todo lo que esto significaba. El protagonista de la novela se movía en medio de un uso diabólico del lenguaje, de una miseria económica creciente que se ocultaba en los medios de comunicación, de una negación de la Historia suplantada por la propaganda, de la privación de unos privilegios sólo accesibles a la casta política y de una vigilancia omnipresente basada en la tecnología. Poco se imaginan muchos de los seguidores del programa televisivo Gran Hermano que el título arranca precisamente de esta novela de Orwell. Cuando se publicó, su carácter antisoviético la convirtió en objeto de críticas feroces. Sin embargo, en no escasa medida, Orwell se limitaba a narrar lo que había visto en España durante la guerra civil. Años después, yo mismo, trabajando con documentación soviética relacionada con las checas existentes en la zona republicana durante la guerra civil española, llegaría a descubrir que incluso la escena de las ratas descrita al final de la novela no era fruto de la imaginación de Orwell, sino una copia de los métodos de tortura que los agentes de Stalin habían utilizaban en Españas. De hecho, en mi libro Checas de Madrid incluso reproduje fotografías de las páginas del manual donde aparecía ese método de quebrantar por completo al ser humano que no había surgido de la imaginación de Orwell sino de su observación de la realidad. Nunca me perdonaron el libro. A pesar de ser un best seller cuando la editorial cambió de dueño, una de sus primeras decisiones fue la de detener la publicación de una obra que había superado las veinte ediciones. Ah… España es así…

Sus últimos años los pasó Orwell advirtiendo al mundo de la maldad congénita del socialismo y colaborando con la CIA para evitar el avance de la dictadura del proletariado. Había aprendido las lecciones adecuadas de la guerra civil española. Basta leer 1984 para darse cuenta de ello.







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